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Turismo Responsable. ¿Qué es y qué tenemos que hacer para cambiar?

por Carlos Dragonné

Turismo responsable: Este será uno de los primeros textos que les compartiré sobre mi particular visión de lo que debemos hacer para tener un turismo responsable. Cambiar no se hace de un día a otro y tampoco desde la penumbra del pensamiento aislado, sino que buscaremos más voces que nos ayuden a generar toda la gama de opiniones posibles para que entendamos por qué hacer un turismo responsable es el único camino. Si algo tenemos que aprender después de estar detenidos un par de años es cómo mejorar la manera en que vemos el mundo y comprender que es el mundo el que tiene que enseñarnos y no al revés. Viajar es un privilegio, sí, pero es uno del que tenemos que sacar un provecho colectivo.  

«Viajar no siempre es bonito. No siempre es cómodo. A veces duele, incluso te rompe el corazón. Pero eso está bien. El viaje te cambia; debería cambiarte. Deja marcas en tu memoria, en tu conciencia, en tu corazón y en tu cuerpo. Te llevas algo contigo. Con suerte, dejas algo bueno detrás». –Anthony Bourdain.

«Nos llevaron a conocer una comunidad en la que apenas tienen para comer, pero nos recibieron con mucho gusto. Y la guía nos dijo que cualquier ‘propina’ que les dejáramos era agradecida», me cuenta un amigo sobre un viaje que realizó en Sudamérica. Me tardé unos días en procesar las palabras «apenas tienen para comer» y recordé haber leído una vez el concepto Slum Tourism. Así que me di una clavada en la historia de los viajes y redescubrí el tema. Y créanme, eso abrió una serie de dudas, cuestionamientos y enojos sobre lo que hacemos como viajeros. ¿No es hora ya de hacer un turismo responsable? Sí. Y vamos bastante tarde en el concepto.

Turismo Responsable

Empecemos por el concepto base de Slum Tourism. Este turismo de los barrios marginales nació en el siglo XIX, así que nada nuevo bajo el sol. Siempre hemos puesto por delante la explotación de la pobreza antes que la solución a la misma. Pensado para aristócratas que visitaban los barrios bajos de Manhattan o Londres, hoy por hoy el turismo de la pobreza es una industria en crecimiento en lugares como India, Sudáfrica, Brasil, Kenia, Estados Unidos y, por supuesto, México, aunque este último parece esconderlo bajo el concepto de turismo rural. Ya llegaremos a eso.

¿Cómo hacer turismo responsable para evitar la explotación de la pobreza?

El ser humano es curioso, de manera natural. Esa curiosidad es la primera motivación detrás de los viajes de la pobreza, en donde los barrios marginales se convierten en una especie de carpa de circo que parte del privilegio y la creencia de que hasta las desgracias están para entretenernos. Este tipo de consumo ha dado vida a varios de los puntos más bajos en la humanidad en lo que respecta a cómo nos entretenemos, como el reality show, por ejemplo, pero en el turismo lo hemos llevado al exceso.

Todas las fotos de la galería a continuación son del TripAdvisor de uno de los proveedores de este "servicio".

Regresando a mi amigo, en su viaje por Sudamérica fue a Brasil —uno de los países que más sufre del asunto de turismo de pobreza con la normalización de la desigualdad que representan las favelas—, me di a la tarea de checar en TripAdvisor el asunto. Hay varios que prometen «la mejor experiencia para entender la pobreza de Brasil». Así, sin filtros, sin hipocresías o discursos que adornen la realidad de la explotación. ¿Es esto en lo que se ha convertido el turismo a nivel global? ¿Tan alejados estamos de la posibilidad de hacer turismo responsable?

Viajar es, por definición propia, un privilegio. ¿Tenemos que ir a restregar ese privilegio en la cara de los menos privilegiados? ¿En eso nos hemos convertido? La hipocresía detrás de la creación del turismo de la pobreza se basa en «conocer a profundidad el verdadero rostro de…», y así, buitres en el ramo han visto la oportunidad de crecimiento de sus proyectos sin que represente un crecimiento para las comunidades que explotan, ya sea en Brasil, India o Namibia, por hablar de países en desarrollo o, incluso, Estados Unidos o Bélgica por mencionar países que uno pensaría que no explotan esta cara del turismo.

Y en México, ¿dónde quedó el turismo responsable?

«Nos dijeron que haríamos una renovación del pueblo y de nuestras actividades artesanales. Nos hicieron meternos en un crédito con el gobierno y ya que nos tenían firmados, nos dieron la espalda, nos abandonaron y sólo vienen a cobrar mes con mes los intereses de un crédito que tomamos por su sugerencia y en el que nunca cumplieron su parte de infraestructura o renovación de la comunidad», me dice Alicia, habitante de Santa Fe de la Laguna en Michoacán y quien año con año tiene que reinventar las opciones que se le presentan para poder generar dinero para su familia. Parte de la Ruta de Tata Vasco, Santa Fe de la Laguna sufre el abandono de todos los pueblos mágicos que he visto en los últimos años y, peor aún, la explotación de la imagen del indígena como atracción turística y no como esencia de identidad no sólo de la región sino del país entero.

En México hemos caído en la trampa de convertir la explotación de la pobreza en «turismo rural», sin entender siquiera lo que el turismo rural representa. Según la Organización Mundial de Turismo, «El turismo rural es un tipo de actividad turística en el que la experiencia del visitante está relacionada con un amplio espectro de productos vinculados por lo general con las actividades de naturaleza, la agricultura, las formas de vida y las culturas rurales, la pesca con caña y la visita a lugares de interés.». No podemos hablar de que exista turismo responsable si ni siquiera existe en las políticas públicas.

Turismo Responsable

Sin embargo, cuando se trata de hablar de la sustentabilidad y la sostenibilidad del turismo rural, parece que hay oídos sordos. En una administración federal en la que el turismo rural se basa en subir un tweet del presidente (así, con minúsculas, porque no merece más) comiéndose una garnacha a media carretera, no sorprende la franca ausencia de programas de sostenibilidad del turismo rural que incluyan el desarrollo de las zonas a las que se impacta con esta actividad. Seguimos en la misma dinámica de jugar al privilegiado «güerito» que pasa por los pueblos y regala monedas o propinas al por mayor sin entender la huella y la degradación del entorno que vamos dejando.

Piensen en San Juan Chamula, por ejemplo. ¿Hace cuánto que no van a esta comunidad en Chiapas? La última vez que fui me impresionó el nivel de pobreza y abandono que hay en las comunidades y en los artesanos locales y, sin embargo, los mismos organizadores del viaje nos iban dando tips de «cómo regatearle a los artesanos para que se puedan llevar las cosas bien baratas» y otros absurdos como «no olviden que hay que darles a los niños una o dos monedas de cinco pesos, no más, porque luego se ponen muy abusivos». ¿En serio? Sin entrar en el detalle de la franca explotación infantil que sucede aquí, me llama la atención que en la cultura de los prestadores de servicios sigue siendo un hecho consumado y aceptado que las comunidades locales están ahí para el entretenimiento de sus huéspedes y clientes y no para el sostenimiento de las actividades turísticas, agrícolas y económicas de la región. Vaya, no entienden que son ellos, los proveedores de servicios turísticos, los que están invadiendo el entorno y dejando un hueco en el desarrollo social, económico y comunitario.

El "Turismo Tianguistero", enemigo natural del turismo responsable.

Parte del conflicto de no generar un turismo responsable es que autoridades de todos los niveles de gobierno voltean a ver a las comunidades de los pueblos donde se está desarrollando el turismo con una franca desconexión de lo que pueden lograr y las decisiones se toman desde las esferas de una burocracia que parece metida hasta el cuello en el privilegio de las atracciones y no en la dinámica de las necesidades. ¿Qué ha causado esto? Que la búsqueda de un turismo responsable se ha vuelto una pelea constante contra la creación del turismo tianguistero. Cada pueblo mágico, cada comunidad que podría ser un crisol de las tradiciones auténticas, procesos gastronómicos, ingredientes endémicos o historias transgeneracionales se ha vuelto para los encargados de la política turística, en un mercadito pintoresco y colorido. Pero, ¿se han puesto a ver lo que se vende?

Uno pensaría que hay artesanía real, proyectos de creadores independientes sustentables, impulso a tradiciones de sostenibilidad. Pero no… lo que uno va encontrando en estos pueblos son tianguis con pulseritas tejidas que bien podrían estar en el más recóndito lugar de Oaxaca o en Abasolo y Malintzin en la Colonia del Carmen en Coyoacán, justo frente a los helados y los tamales de cada domingo. Y, peor aún, lo que antes era un mercado de juguetes artesanales tradicionales, hoy se ha vuelto un tianguis de juguetes falsos, películas piratas, ropa comprada en pacas de contrabando y una infinidad de productos absurdos que rayan en la ilegalidad y que sólo alimentan la continuidad de la filosofía «el fin justifica los medios».

Vaya, el Paseo de la Reforma está convertido en un vil tianguis en el que igual se venden productos piratas de Peppa Pig, tacos de pastor, sopes de bistec y varitas de incienso compradas a escasos 6 kilómetros en el centro de la ciudad. Si la misma avenida principal de la ciudad de México —en donde turistas nacionales y extranjeros salen de sus hoteles y caminan para llegar a los grandes museos y espacios culturales, restaurantes que están en las listas de todo tipo o espacios públicos famosos en todo el mundo— está tomada por los ambulantes con la venia de autoridades, ¿qué podemos esperar de pueblos en el interior del país?

¿Cómo hacer turismo responsable? ¿Qué puedo hacer como viajero?

Uno de los puntos que tenemos que lograr es entender que la explotación de la pobreza es, por mucho, responsabilidad primaria del viajero. Sin demanda no hay oferta. Entonces lo primero que tenemos que lograr es hacer a un lado a operadores turísticos que se aprovechan de las situaciones socioeconómicas y sacan su tajada de la manera más burda.  Las comunidades —al menos en México— están ávidas de recibir turistas y mostrarles lo que hacen y lo que las hace ser. Ellos no quieren ser la atracción en la vitrina, sino los creadores de las experiencias reales. Así que lo primero es entender que los proveedores locales son los que tienen que estar en el lugar más alto de nuestra lista al momento de tomar una decisión de consumo.

Es importante entender que hay hoteles, por ejemplo, que están realizando un trabajo real de sustentabilidad y sostenibilidad de las comunidades donde están localizados. Es sólo esforzarse un poquito más en la búsqueda de sus habitaciones y poner palabras clave en el navegador de Google. Les voy a ayudar. La próxima vez que vayan a reservar un hotel en algún destino, pongan en el buscador la siguiente fórmula: «XXXXXX (nombre del hotel) + Proyectos de sustentabilidad + responsabilidad social» y chequen las notas, revisen los proyectos y entiendan si vale la pena gastar en el lugar al que van o es momento de mirar hacia otros lados.

Y no sólo si viajan a lugares en donde se pueda dar esta explotación de la pobreza pueden hacer algo. Si vuelan a Denver, Nueva York, Londres, Los Cabos, Montreal o donde me digan, los lugares que van a visitar tienen proyectos de responsabilidad social reales. Una de las razones más importantes por las que cada vez que voy a Las Vegas intento quedarme en Westgate Las Vegas Resort & Casino es por la serie de proyectos que tienen para ayudar a personas en situación de calle no sólo con impulso a refugios y bancos de alimentos, sino proyectos que incluyen apoyo a estudiantes sin hogar, proyectos de entrenamiento laboral y capacitación para el mercado y apoyos comunitarios a través de educación, deporte y oportunidades de crecimiento. ¿Hay más hoteles o cadenas que hagan eso en la ciudad? Sí. Sin duda. Es sólo cosa de buscarle.

En México podemos hacer eso también. ¿Vas a ir a Riviera Maya? La decisión es muy sencilla entre escoger Hotel Xcaret y Fairmont Mayakoba, por ejemplo. Hotel Xcaret es famoso por su enorme historial de problemas ambientales y acusaciones de ecocidio después de haber destruido arrecifes y una enorme cantidad de multas y quejas ante la PROFEPA por parte de varias organizaciones civiles. Fairmont Mayakoba tiene desde su nacimiento una clara misión de mantenimiento, respeto y recuperación de zonas en riesgo además de no invasión de zonas para la fauna y flora de la región. Es, de hecho, uno de los puntos fundamentales de la marca antes de poner siquiera la primera piedra de una propiedad, el tener claridad en los procesos de medio ambiente y generación de oportunidades para las comunidades en donde llegan.

viajar con mascotas

Entonces, ¿es posible el turismo responsable? Sí. Lo es. Se trata de ir buscando cambiar ciertos hábitos en nuestros patrones de consumo y respetar una serie de elementos que parece que olvidamos constantemente mientras estamos viajando. Pero la realidad es que si no comenzamos esta transformación de nosotros como consumidores del turismo, no parece haber mucho futuro. Al final, las cadenas de decisiones comienzan en el consumidor y los patrones de consumo son los que generan los patrones de oferta.

Bien decía Robert Louis Stevenson: «No hay tierras extranjeras. Sólo el viajero es extranjero.». Si no entendemos eso, seguiremos creyendo que somos nosotros, los viajeros, los que llegamos a darle la oportunidad y el cambio a las comunidades que visitamos. Cuando es totalmente al revés. Ser incapaces de verlo es no aprender nada de cada kilómetro recorrido.

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