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The Churchill. No sólo comida y bebida, también comunidad

por Carlos Dragonné

Se pusieron de moda los Food Halls o Gastro Markets. De pronto todos querían ser San Miguel en Madrid. En Estados Unidos las raíces de los food halls se pueden rastrear hasta Cleveland que abrió el West Side Market en 1912. En 2017, Joe Gose publicó en el NY Times un artículo que tituló “The Food Court matures into the Food Hall”. Era natural que una ciudad como Phoenix tuviera un espacio así. Lo que no me esperaba es que fuera a encontrarme una historia así. Esto es The Churchill en pleno centro social de una ciudad que cada día sube puestos en mi ranking de destinos favoritos en Estados Unidos.

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The Churchill. Un food hall, bar y experiencia multicultural.

Como les platiqué desde hace algún tiempo, la ciudad está cambiando. Incluso pueden verlo en la política misma. Arizona, un estado increíblemente republicano por siempre ha comenzado la transición a lo que los politólogos norteamericanos llaman estado morado en el que todavía hay áreas de una marcada preferencia republicana y conservadora —por ellos tenemos personajes como Paul Gossar en el Congreso— pero las grandes ciudades están volviéndose una expresión de multiculturalidad en las que se están reclamando espacios que parecían inalcanzables.

The Churchill es, para mí, uno de esos espacios que definen en la comida lo que está pasando. Fundado por FTG Projects con una visión de sustentabilidad comunitaria y colaboración, la misma dinámica de la comunidad cambiante lo llevó a generar un abanico de opciones que hablan de la recuperación de terrenos culturales y de proyectos que van entrelazando a los personajes que ahí viven. De hecho, este espacio es más que un food hall. Y esa es la historia que más me gustó.

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De la comunidad a la comunidad. The Churchill y una filosofía clara

Regresemos al artículo de Joe Gose. En algún punto algo sucedió en la filosofía del consumidor norteamericano porque entre 2016 y 2019 el crecimiento de estos espacios fue de 100% según Pamela Flora, Directora de Investigación de Cushman & Wakefield. Gose cita a Mark Toro, socio de North American Properties diciendo “Se trata menos de traer gente que impulse el retail y más de gente que venga a hacer comunidad”.

Pero donde falla —o se queda corto— el texto de Joe Gose es que sus entrevistados y el contexto mismo tiene que ver más con la comida y menos con la comunidad. La realidad es que el partir de que los food halls son la versión madura de los food courts sirve para nada. Bueno, sí sirve para dividir los espacios que valen la pena de los que son, simplemente, un negocio más sin alma o espíritu.

Y es en ese pequeño detalle donde The Churchill se separa del resto de lugares que han comenzado a aparecer en todos lados, desde los centros neurales de las ciudades hasta los suburbios; y en todas sus formas, desde espacios de arquitectura histórica —Anaheim Packing District, por ejemplo— hasta iteraciones usando los contenedores que tanta inercia han tenido en los últimos años.

Porque The Churchill habla de comunidad desde su concepción, funcionando como una incubadora de proyectos que impulsa negocios locales. Esto para el crecimiento de la comunidad y sus miembros en un espacio que permite arrancar ahí y que puedan crecer e irse a nuevos espacios. De hecho este es el núcleo de The Churchill desde su nacimiento: generar identidad de marcas en el valle para apoyar a vecindarios alrededor de donde están.

The Churchill además, es un foco de responsabilidad social

Uno de los valores fundamentales de The Churchill es, también, que cada uno de los locatarios que ahí están realicen trabajos comunitarios al menos una vez al mes. Es algo que los creadores llaman “renta social”. Por eso The Churchill es menos un lugar para comer y más un lugar para conectar.

Sentado disfrutando una cerveza y una hamburguesa increíble, mientras ella, mi cómplice perfecta, se perdía en la plática en Provecho del Chef Rodrigo González, uno de mis tres nuevos favoritos del centro de Phoenix, entendí que lo que sucede en este lugar está generando un cambio real de las perspectivas y visiones comunitarias. Y con ello, evidentemente, nuevas vinculaciones sociales que generan resultados a largo plazo.

Y ahora, con la identidad entera de la ciudad en plena transformación, es uno de los proyectos alrededor de la gastronomía más interesantes y con posible mayor trascendencia. Porque la manera de evolucionar es abrir espacios a nuevas ideas, nuevas visiones y darle mucha fuerza a nuevas voces. Arizona se está volviendo morado. No se me ocurre mejor momento para impulsar algo así.

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¿Qué se come en The Churchill?

Si entramos en detalles específicos, los negocios en este espacio son diez. De ellos, Gather, State Forty Eight y Cosas no son de comida. Aunque de Cosas les voy a hablar al final. El resto de lugares tiene algo para cualquier paladar que se pare por ahí con hambre, sin hambre o con sed, como decimos, de la mala.

Mi favorito, sin duda, es Provecho, cocina de Jalisco creada en pleno valle de Phoenix y que no le pide nada a varios de los restaurantes que fui a visitar en mi última visita a la Perla Tapatía. Pero Stoop Kid también está entre mis consentidos. Su hamburguesa es una delicia, armada con la simpleza del platillo que define —como a nosotros los tacos— a Estados Unidos. Aunque debo aceptar que la hacen con una artesanía y cuidado en el ingrediente que, fácilmente, la pone en mi Top 10 de Hamburguesas en Estados UnidosY si por algo ustedes son veganos y se les antoja, hay una opción que probé en mi siguiente visita y sí… cumple. 

Si de pizzas se trata, Freak Brothers tiene una vegetariana con Pesto, tomate, espinacas y hongos que bastante honor le hacen a la masa porque, al final, la masa lo es todo. Y aquí cumple. Hay opción vegana —no la probé— y pizza sin gluten, que tampoco probé. Pero se los dejo como dato.

El resto de los espacios son Infruition, en caso de que anden en el mood de comer rico y sano. Ellos van con una filosofía de ingredientes orgánicos y saludables en la creación de sus bowls y smoothies. Yo lo vi como un espacio de postres, así no me dio culpa comer alguna de sus galletas caseras libres de gluten. Tengo que probar más de ellos porque su menú de opciones es bastante generoso.

Para beber en The Churchill

Al final, como buen espacio de reuniones, una cerveza, vino o coctel son más que necesarios. Lejos están ya los días en donde salía a comer y sólo pedía agua o un refresco. La gastronomía está dando espacios a viñedos locales, a mixólogos nuevos y, en Arizona, si algo hay es buena cervecería artesanal. Así que en esa parte no deben de preocuparse.

Si bien les tengo que recomendar So Far, So Good, un espacio de creatividad en la mixología que es mucho más que otros que saben menos, el que se lleva las palmas es Sauvage. Este es un espacio con una rotación de más de 200 etiquetas de vino que siempre van cambiando. Además, no solamente incluye vinos, sino una selección de mezcales, amaris, oportos y otros licores que me hicieron olvidar el “no, gracias. No tomo mucho”. Sauvage está en la lista de mis lugares de vino favoritos junto a The Wine Room en Orlando y Thirty Eight + Vine en Fort Worth. De hecho, Sauvage será el primero en dejar The Churchill para hacer la transición a un espacio mayor, cumpliendo el objetivo primordial de The Churchill de impulsar nuevos negocios y generar comunidad a partir de ello.

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Nada tiene sentido en esta vida si no se comparte.

Esta frase estaba en un cuadro en casa de mi madre mientras iba creciendo. De ahí que proyectos como The Churchill me parezcan más importantes que restaurantes Estrella Michelin o experiencias culinarias masivas como Aspen Food and Wine. En Cosas como les comentaba, venden productos mexicanos, artesanías y textiles. Pero no se trata del éxito económico del espacio que se puede dar de manera natural —al norteamericano le encantan esas cosas, sin duda—, sino del resultado palpable que tienen. Cada compra que se hace apoya proyectos en México como la Escuela Citac en Tapalpa para niños con necesidades especiales, MexiArte, una misión que apoya a mujeres encarceladas a través del arte y Comedor de Guadalajara, un comedor comunitario de San Juan de Ocotán. La frase con la que viven en Cosas es simple y deberíamos repetirla más: Haciendo una cosa buena a la vez. 

Es la semana previa a los juegos divisionales de la postemporada de la NFL mientras escribo esto. Estamos a escasas tres semanas del Super Bowl que se va a llevar a cabo en Phoenix, de hecho. Y todas las actividades de la semana previa —el Super Bowl Experience— se realizarán a escasos cinco minutos de donde está The Churchill. Lo único que puedo esperar es que en el caos de gente que se avecina muchos descubran no sólo la comida o bebida del espacio, sino la filosofía que los impulsó a crearlo. Porque, como dijo alguna vez Margaret J. Wheatley: “No hay poder más grande para el cambio que una comunidad descubriendo lo que le importa”.  

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