Se acerca Rosh Hashanah. De hecho es este lunes. Y uno de los platillos fundamentales para la cena de Rosh Hashanah es esta Sopa de Matzah Ball que también es de los platos que tienen la historia y la fuerza detrás. Presente en los hogares judíos durante las celebraciones de Pésaj normalmente (la Pascua judía) y en muchas otras mesas durante todo el año, esta sopa es símbolo de identidad, de historia y de comunidad.
Los matzah balls, también conocidos como kneidlach, son albóndigas suaves hechas con harina de matzá, huevos y grasa (preferentemente schmaltz, grasa de pollo), cocidas en un buen caldo hasta que quedan ligeras y esponjosas. Y aunque su preparación parece simple, en realidad están cargadas de simbolismo: representan la capacidad de crear algo reconfortante con ingredientes humildes, una constante en la cocina judía de la diáspora.

La historia de la sopa de matzah ball.
El origen de la sopa de matzah ball está profundamente ligado a la historia de la diáspora judía en Europa Central. En el siglo XIX, con la llegada de la Revolución Industrial, la harina de matzá comenzó a producirse en grandes cantidades, lo que permitió a las comunidades judías explorar nuevas formas de cocinar con ella. Algunos relatos apuntan a que las primeras matzah balls nacieron del ingenio de quienes reutilizaban las migajas sobrantes del horneado de matzá. Fue también en ese contexto —cuando la cocina de Europa del Este integraba dumplings a sus platos cotidianos— que los judíos comenzaron a crear estas albóndigas suaves, adaptándolas a las leyes del kashrut y a los ingredientes disponibles en su entorno.
La historia de este platillo refleja el mismo espíritu de adaptación y memoria que vemos en la aldea de Anatevka, en la obra El violinista en el tejado. Así como las familias judías de esa comunidad ficticia enfrentan exilio, migración y cambios profundos sin perder sus raíces, la receta de la matzah ball ha viajado de generación en generación, reinventándose sin olvidar su origen. En este artículo sobre la obra, hablamos de cómo la comida, la música y la tradición caminan juntas para resistir el olvido. La sopa de matzah ball es eso mismo: una muestra viva de la cocina que sobrevive, se transforma y sigue contando historias en cada mesa donde se sirve.

Receta de Sopa de Matzah Ball con caldo de pollo y verduras
Ingredientes para la Sopa de Matzah Ball
Para las matzah balls:
- 4 huevos grandes, batidos
- ¼ taza (60 ml) de agua mineral con gas o agua natural (ver notas)
- ¼ taza (60 ml) de schmaltz (grasa de pollo) o aceite vegetal neutro
- 1 taza (113 g) de harina de matzá (matzo meal)
- ⅛ a 1 cucharadita de polvo para hornear (opcional; ver notas)
- 1½ cucharaditas de sal kosher
- ¼ cucharadita de pimienta negra molida
Para el caldo:
- 3 cuartos de galón (2.8 litros) de caldo de pollo casero, dividido en dos ollas
- ½ taza de zanahoria finamente picada (de 1 zanahoria grande)
- ½ taza de apio finamente picado (de 1 tallo grande)
- 2 ramas de eneldo fresco, más frondas para decorar

Preparación de la sopa de matzah balls
En un tazón grande, mezcla los huevos batidos con el agua mineral con gas y el schmaltz (o aceite). En un tazón aparte, combina la harina de matzá con el polvo para hornear (si decides usarlo), la sal y la pimienta. Incorpora los ingredientes secos a la mezcla líquida y revuelve bien hasta formar una masa uniforme. No debe quedar líquida, pero sí suave. Refrigera sin tapar por 30 minutos para que la harina absorba el líquido.
Mientras reposa la masa, divide el caldo entre dos ollas. A cada una agrégale ½ cucharadita de sal. A una de ellas añade las zanahorias, el apio y las ramas de eneldo. Cocina a fuego medio durante unos 30 minutos, hasta que las verduras estén tiernas y el caldo bien aromatizado. Retira las ramas de eneldo y tapa para mantener caliente.

Vamos a hacer las bolas ahora para esta sopa de matzah balls
Con las manos húmedas (y rehumedeciéndolas cuando sea necesario), forma bolitas del tamaño de una nuez grande con la mezcla refrigerada. Llévalas con cuidado a la segunda olla de caldo (la que no tiene verduras) que debe estar a fuego bajo y en ebullición muy suave. No agites ni remuevas: solo cúbrela y deja cocinar por aproximadamente 40 minutos. Las matzah balls crecerán y quedarán bien cocidas por dentro.
Cuando estén listas, transfiérelas con una espumadera a los platos hondos (3 por porción es lo ideal). Cuela el caldo donde se cocinaron y resérvalo para otro uso.
Termina sirviendo el caldo limpio con verduras sobre las matzah balls en cada plato. Decora con un poco de eneldo fresco. Y sirve caliente, con pan crujiente si gustas. ¿Nos enseñas cómo te quedaron?

Notas y consejos para unas matzah balls perfectas
- ¿Más densas o más esponjosas?
Si te gustan compactas (las famosas sinkers), usa agua natural y omite el polvo para hornear. Si prefieres una textura ligera (floaters), usa agua mineral con gas y añade entre ⅛ y 1 cucharadita de polvo para hornear. Entre más uses, más aireadas quedarán. - El schmaltz marca la diferencia
El sabor más auténtico y sabroso viene del schmaltz, la grasa de pollo derretida, que aporta un sabor profundo. Si no tienes, puedes usar aceite vegetal, aunque perderás un poco de ese carácter tradicional. - No saltees el reposo en frío
Este paso es esencial. La harina necesita tiempo para hidratarse por completo y poder formar bolas que no se deshagan en el caldo. - Hervor suave, olla tapada
No abras la olla mientras se cocinan. El vapor atrapado dentro ayuda a que las matzah balls crezcan uniformemente y se cocinen a fondo sin endurecerse.
