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Seat Ateca

Queremos comprar la nueva Seat Ateca. Hicimos un roadtrip para probarla

Por: Carlos Dragonné

Si ustedes son seguidores de este sitio, podrán recordar que les he dicho muchas veces que se animen a hacer roadtrips. Son la mejor manera de viajar y si uno toma las precauciones correctas, pueden crear las mejores historias. Y hace unas semanas, tras haber ido a preguntar y checar opciones para el cambio de auto, me trajeron una camioneta Seat Ateca a casa para probarla y sacarle provecho a los kilómetros. Era el Día de Muertos y yo traía ganas de Mole de Caderas. O sea que, cómo dicen, se juntó el hambre con las ganas de comer. Bienvenidos a las carreteras de México. Vamos a ir a varios lugares.

Evoka

Ya se que todos están con la dinámica de creer que Coco es lo máximo en cuanto a la muestra de las tradiciones mexicanas pero, a pesar de la gran investigación visual sobre el Día de Muertos michoacano hecha por Pixar, la realidad es que los rincones de nuestro país ofrecen diferentes formas del culto a la muerte y de la celebración para recordar a quienes se han ido.

Seat Ateca

Por eso decidimos agarrar carretera a Puebla y comenzar, como se los comenté en un artículo previo a dicha celebración, en Huaquechula, una comunidad que, además de haber sido golpeada por los sismos de septiembre, tiene una de las tradiciones que más enriquecen el merodear por las carreteras de nuestro México. Aquí las puertas están abiertas para que conozcamos a quienes murieron en el útlimo año, junto a sus familias, juntos a quienes se quedaron de este lado mientras ellos emprendían el largo camino hacia… donde cada quién crea que van.

Los altares de tres pisos, las miradas de las familias que están ávidas de contar la historia de quienes se fueron, la convivencia con extraños que se vuelven, por momentos, parte de casa, de quienes levantan las estructuras que recuerdan cada detalle de la vida y preparan el camino de cada detalle de la muerte. Eso es lo que uno se encuentra en Huaquechula. 

Esta manera de honrar el recuerdo de los muertos es, quizá, de las que más llegan a ese corazón que se construye de la magia y la profundidad de las creencias mexicanas, porque ahora somos nosotros también aquellos que andaremos recordando a los que acabamos de conocer pero que, sin duda, no olvidaremos. 

Salimos de Huaquechula entrada la madrugada y aquí pusimos a prueba a la Seat Ateca que nos llevó a este pueblo. Una carretera de ida y vuelta para salir de la comunidad, con poca luz y la camioneta servía para iluminar hasta a los tres coches que venían detrás de nosotros. Cuando uno tiene lentes para ver de lejos, siempre se agradece un auto que me ayude a ver bien la carretera. Y no tenía las altas puestas.

Salir de Puebla la mañana siguiente para agarrar camino a Apizaco fue, creo, el momento en que decidí comprarme la camioneta (aunque les haya echado a perder el final de esa pregunta), porque he de confesarles algo. No soy conocedor de autos. No tengo idea cuando me hablan de caballos de fuerza, torque, aceleración, respuesta de tracción ante caminos mojados… Vaya, podría decirles que me aburre toda esa plática. 

Pero sí soy un amante de andar en el coche conociendo lugares. Y para pido tres cosas: conectividad, comodidad y ahorro de combustible. Entiendo que habrá muchos expertos ahí afuera que hayan ya reseñado el asunto técnico de esta primera SUV de Seat -y que, de hecho, le ha ido bastante bien con calificaciones y reconocimientos- pero, para mí, lo importante es poder saber dónde estoy, a dónde voy y que mi presupuesto no se vea golpeado cuando llego a la gasolinera. 

Flor Cempasúchil

Aquí es donde, mientras nos fuimos a comer a Evoka en Tlaxcala, caí en cuenta que había salido de la ciudad de México, llegué a Puebla, anduve en la ciudad un día, me fui a Huaquechula y de regreso, me fui a Apizaco y no había tenido ni la urgencia ni la necesidad de pasar a hacer una recarga que me hace desear que Pemex tenga competencia pronto. No… he de confesar que pasé a la gasolinera hasta el último día de 4 que anduvimos en Puebla y Tlaxcala, porque antes no hubo que pasar por el asunto engorroso.

Con el estómago lleno y el apapacho a la cocina -de la que les contaré en el siguiente artículo porque el restaurante merece su propio espacio-, tras una escala divertidísima en la Feria de Tlaxcala, emprendimos camino de vuelta a Puebla, donde nos esperaba nuestra habitación de La Descansería -otro de esos lugares que amo tanto y que siempre disfruto de tal manera que se me olvida contarles lo bien que se la pasa uno-, mi cómplice de tanta aventura decidió que era momento de tomar control de la música así que usó la segunda entrada de USB para sacarle provecho al Apple Car Play que no habíamos usado porque, como recordarán que les conté hace poco, mi teléfono es un Motorola Z2 y, obviamente, yo venía disfrutando el manejo de mi Spotify y mis Podcasts a través de la conectividad Android Auto. Creo que aquí fue cuando ella se convenció de comprarla. Sólo faltaba que decidiéramos el color y el día de la compra.

La cosa con los viajes en carretera es que uno pasa una gran parte de la aventura detrás del volante. Es justo el chiste. Se trata de recorrer distancias y poder detenerse a tomar fotografías que guarden el momento para siempre. Se trata de ir cómodo y sabiendo que estás seguro en un auto que responde bien a la carretera que estás rodando, sin importar si se trata de una de esas grandes autopistas que podemos presumir a todo el mundo o de esos pequeños caminos de terracería que nos llevan a pequeños tesoros de los estados del país. 

Entonces, dejando atrás Puebla y Tlaxcala, llegando al centro de la ciudad de México, descubrimos el último punto que nos había conquistado. Todos saben que el regreso de Puebla es y siempre ha sido un infierno en cuanto entras a la ciudad. Esta vez no fue la excepción en términos de tráfico. Pero tengo que confesar que estaba tan cómodo en el asiento, platicando con ella que venía revisando las fotografías de nuestro viaje, que de pronto ya me encontraba entrando a Parque Lira y agarrando hacia el poniente.

Seat Ateca

El viaje en auto tiene que ser divertido. Tiene que ser tranquilo. Tienes que poder ir conectado con lo que te hace entrar en paz que, para mi, es la música o los podcasts a los que estoy suscrito. Reviso el calendario editorial y veo que el próximo año tenemos una serie de viajes en auto que nos llevaran a las esquinas de este México que tanto amamos descubrir. Me asomo por la ventana del estudio y veo la Seat Ateca que me entregaron hace unos días. La que me llevé de viaje era plata. Me gusta más en negro. Mucho más…

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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