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Pan de Calabaza: Otoño y sabor con historia mexicana

por Carlos Dragonné

El otoño está aquí. Las hojas secas crujen, el aire cambia, se acercan las fechas de Día de Muertos y la calabaza comienza a hacer apariciones en todas partes: desde el café matutino hasta las decoraciones de Halloween. Pero detrás de esa moda de temporada hay una historia que pocos conocen. La calabaza —sí, esa que muchos asocian con Estados Unidos y el Pumpkin Spice— en realidad es mexicana. Se empezó a cultivar en lo que hoy es nuestro territorio hace más de 7,500 años, y su domesticación incluso precede al maíz por casi mil años. Y vamos a hacer un pan de calabaza para recordarlo.

Así que, felicidades a quienes tallan calabazas en Halloween: están celebrando con un ingrediente endémico de Mesoamérica.

pan de calabaza

Este pan de calabaza tiene más historia en nuestra tierra de la que creen.

La calabaza, como parte del género Cucurbita, fue domesticada por pueblos indígenas mucho antes de que existiera la agricultura como la conocemos hoy. Era parte central del sistema agrícola conocido como las Tres Hermanas, donde se sembraban calabaza, maíz y frijol juntos en un mismo terreno. Cada planta ayudaba a las otras: la calabaza con sus hojas anchas protegía del sol y las malas hierbas, el frijol fijaba nitrógeno en el suelo y el maíz servía de estructura para que las enredaderas treparan. Fue una obra maestra de la agricultura ancestral, y hoy sigue siendo un símbolo de nutrición e inteligencia ecológica. De hecho, si se fijan en nuestro logotipo, está inspirado en ello.

Pero el símbolo también mutó. De cultivo indígena pasó a icono cultural en el siglo XX, cuando Estados Unidos empezaba a romantizar la vida rural. Según la historiadora Cindy Ott, autora del libro “Pumpkin: The Curious History of an American Icon”, la calabaza se convirtió en un emblema del campo idealizado. Ferias, festivales y concursos de decoración reforzaron su imagen como representante de valores caseros, nostalgia y abundancia. Aunque hoy muchas variedades se cultivan por estética más que por sabor, cuando usamos calabaza real en la cocina recuperamos algo de esa conexión ancestral.

pan de calabaza

Receta: Pan de Calabaza Especiado

Un pan suave, húmedo y lleno de sabor. Perfecto para compartir con un café caliente o para cerrar con broche de oro una comida otoñal.

Ingredientes para el pan de calabaza:
  • ½ taza (120 ml) de aceite vegetal, más un poco para engrasar el molde
  • 2¼ tazas (285 g) de harina de trigo
  • 1 cucharadita de polvo para hornear
  • 1 cucharadita de canela molida
  • ¾ cucharadita de sal kosher
  • ½ cucharadita de bicarbonato de sodio
  • 1 lata (425 g / 2 tazas) de puré de calabaza
  • 1 taza (200 g) de azúcar blanca
  • ¾ taza (165 g) de azúcar mascabado claro u oscuro, bien compactado
  • 2 huevos grandes
  • ¼ taza (60 ml) de crema agria entera o yogurt natural
  • 1½ cucharaditas de extracto de vainilla

Preparación del pan de calabaza

Precalentamos el horno a 175°C (350°F) y preparamos un molde para pan de 22–23 cm, engrasándolo y colocando papel encerado con un sobrante para poder desmoldar fácilmente.

En un tazón mediano, mezclamos harina, polvo para hornear, canela, sal y bicarbonato. En otro tazón más grande, batimos el aceite con el puré de calabaza, los dos tipos de azúcar, los huevos, la crema agria y la vainilla hasta tener una mezcla homogénea.

Con una espátula, incorporamos poco a poco los ingredientes secos a los húmedos, mezclando solo hasta que todo se integre. Es importante no sobrebatir.

pan de calabaza

Vertemos la mezcla en el molde y alisamos la superficie. Llevamos al horno y horneamos durante 60 a 75 minutos, hasta que un palillo insertado salga con migas húmedas, pero no crudas.

Dejamos enfriar el pastel en el molde unos 20 minutos, luego lo despegamos con un cuchillo de los bordes y, usando el papel encerado, lo transferimos a una rejilla para que enfríe completamente.

pan de calabaza

Un pan de calabaza delicioso con historia mesoamericana

Cada bocado de este pastel de calabaza es un viaje a través del tiempo: desde las milpas de los pueblos originarios hasta las panaderías otoñales modernas. Así que la próxima vez que alguien diga que la calabaza es un símbolo americano, puedes decirle que sí… pero que lo es porque primero fue un símbolo profundamente mexicano.

Y si quieres entender aún más la transformación cultural de esta fruta humilde en ícono estacional, de nuevo te recomendamos el libro “Pumpkin: The Curious History of an American Icon de Cindy Ott. Porque pocas cosas son tan ricas como un buen pan con historia.

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