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Mountain Shadows

Mountain Shadows. Cuando renovar es honrar el pasado.

Por: Carlos Dragonné

El nombre lo dice todo. La sombra te ha de cubrir y esconde los rayos del amanecer para descubrir el romanticismo de los colores naranja y ocre del desierto. Por ello fue, por mucho, el mejor lugar de la ciudad para vacacionar. Y hoy, tras haber cerrado sus puertas por más de diez años, se ha renovado para ser la propiedad de lujo que habrá de cambiar la forma en que se viaja a esta ciudad. Bienvenidos a Visit Scottsdale. Hoy dormimos en Mountain Shadows.

Mountain Shadows

Cuando entramos al lobby se siente una especie de contraste en armonía. Antes de que caigamos en las contradicciones narrativas, les explico a lo que me refiero. Este hotel no fue remodelado por sus antiguos dueños. No. Se abandonó. Se vendió. Y un día alguien tomó el proyecto y decidió darle un nuevo sentido a una propiedad enorme que hoy se posiciona como uno de los mejores hoteles de lujo de la región. Pero, al hacerlo, hubo varios detalles que dejaron para rendirle homenaje a los años de historia que por aquí pasaron.

Estos elementos decorativos han sido dejados para reconocer lo que alguna vez fue un ícono del desierto que ganó su nombre por la silueta que se dibuja tanto de Camelback Mountain como de Mummy Mountain por las tardes, lo que ayuda a refrescar el lugar, sobretodo en un destino que en verano puede alcanzar temperaturas por encima de los 40 grados.

Lo que tenemos en el espacio es una especie de unión entre la originalidad del diseño que hace homenaje al llamado modernismo de la década de los 50 y el reconocimiento al legado de un resort que ha encontrado la manera de revivir con mucho más fuerza y, sobretodo, dándole su lugar al evidente lujo que uno espera cuando llega a las habitaciones.

Al abrir la puerta del cuarto salta a la vista una decoración angular, marcada e inteligente, que resalta los espacios y rincones de un cuarto hecho para disfrutar la sombra de un destino que pinta el cielo cada tarde. Las habitaciones están pensadas para salir al balcón a media tarde, observar y dejarte ir en las ideas y pensamientos que te deja el avance de las sombras.

Pero, al mismo tiempo, también están pensadas para que no salgas de ellas. Y en un mundo de vorágine y constante movimiento, uno agradece el diseño de un hotel que declara con su voz más fuerte que basta de lugares sólo para dormir. Es momento de recuperar el hotel como experiencia entera. Claro… tiene que ver la tina caliente y lista para relajarme con el que no quiera yo salir de la habitación. Pero también con un detalle que observo y apunto en la lista de cosas por hacer en un próximo viaje.

Mountain Shadows es atrevido, es audaz y se levanta como una declaración entender que las renovaciones no deben pisotear lo que fuiste y lo que te hizo llegar a donde estás. El campo de golf, deporte que pronto tendría que empezar a practicar por el simple gusto, es una de esas muestras. Diseñado originalmente por Arthur Jack Snyder, años después sería rediseñado para la apertura por Forrest Richardson, uno de los alumnos de Snyder e intenta retomar la grandeza que lo convirtió en un favorito de los viajeros en la década de los 60.

Cuando viajas, lo importante es estar en un lugar que te invite a recorrerlo en cada rincón, a descubrir el placer y entender la elegancia de un resort que, además, está a escasos 20 minutos del aeropuerto Sky Harbor. Y se convierte inmediatamente en uno de esos espacios que invitan a repetir el viaje.

Si recuerdan en uno de los artículos anteriores les platiqué sobre la llegada al aeropuerto de Phoenix y el atardecer con el que nos dio la bienvenida esta ciudad insignia de Arizona. Después de un atardecer en Mountain Shadows, uno entiende que la magia de estar en el desierto es mirar hacia arriba y dejarse ir. Ayuda mucho hacerlo a la sombra de Camelback Mountain. El problema va a ser tener que salir de aquí para volver a casa.


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About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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