Hay viajes que empiezan con un motivo muy claro —una boda, en nuestro caso— pero que terminan regalando redescubrimientos que siempre son necesarios. Mérida me recibió con el bullicio alegre de las celebraciones familiares y el calor que no da tregua ni de noche. Y fue precisamente ese calor el que me recordó que en cada rincón de esta ciudad, cargada de historia y tradición, hay también una herencia libanesa que se expresa en la mesa. Una herencia que, más allá del kibbeh, el tabule y el pan árabe, encuentra en la limonada con menta un símbolo de frescura y hospitalidad.

La primera vez que probé una limonada libanesa fue en la Ciudad de México, en un restaurante en el sur de la ciudad —ya ni recuerdo el nombre. Y casi siempre que regreso a alguno de ellos, vuelvo a ese sabor. Pero en Mérida me encontré con un clásico: Café Alameda. Ahí, en ese espacio con mesas de cantina, sin pretensión de ser nada más que un lugar para ir a comer, me hice la promesa de regresar y preparar esta bebida en casa. Y entonces pensé en las múltiples mesas de restaurantes de todos los niveles de comida libanesa y árabe en donde he ido. Los ecos y las voces que combinan acentos y lenguas propias y sí, aunque parezca una exageración, la realidad es que algo tan simple como una limonada con menta es algo que habla de identidad, migración y raíces que están más que clavadas en México.
La diáspora libanesa en México: una limonada con menta a la vez.
Cuando pensamos en las cocinas que más han marcado a México, solemos hablar de la española, la francesa o la china en el norte del país. Pero la libanesa merece un lugar privilegiado en esa conversación. Desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, miles de familias libanesas llegaron al país buscando nuevas oportunidades. En la Ciudad de México dejaron huella con restaurantes familiares que poco a poco introdujeron sabores que hoy sentimos parte de lo nuestro: el taco árabe de Puebla, el shawarma reinterpretado como trompo de pastor, el arroz con especias que acompaña platillos festivos. Y eso sin contar los restaurantes con platillos auténticos que tanto nos gustan.

Mérida, sin embargo, cuenta con una historia aún más particular: ahí se formó la segunda comunidad libanesa más grande de México, solo detrás de la capital. No es casualidad que en esta ciudad, donde la vida social y familiar gira en torno a largas comidas, los sabores del Líbano hayan encontrado terreno fértil. El kibbeh crudo , convive sin problemas con la cochinita pibil; el jocoque se sirve en las mesas yucatecas con la misma naturalidad que la sopa de lima. Y entre esos cruces de tradición, la limonada con menta se ha convertido en una bebida imprescindible: refrescante, ligera y, en medio del calor de agosto, una salvación total.
Un reencuentro con Mérida
La boda fue el pretexto, pero lo que me traje de vuelta fue una reafirmación de mi cariño por Mérida. Pocas ciudades en México logran combinar tan bien la calidez de la gente, la riqueza cultural y el ritmo de vida pausado que tanto necesitamos quienes llegamos desde el caos urbano. Pasear por Paseo de Montejo, perderse en los mercados o sentarse a tomar algo fresco en una terraza es un recordatorio de que esta ciudad vive y respira a su propio ritmo.

En esa visita tuve la suerte de compartir un menú de degustación inspirado en la cocina libanesa en el Fiesta Americana Mérida, de la mano del Sous Chef Ejecutivo y por recomendación del Chef Corporativo de Grupo Posadas, Gerardo Rivera. Rivera no solo ha consolidado a esta cadena como un referente gastronómico en el país, sino que constantemente sorprende con nuevos conceptos. Y ahora ya puse en mi lista Punta Cana por lo que está abriendo allá. Su manera de reinterpretar la tradición sin perder autenticidad lo confirma, sin exagerar, como uno de los mejores chefs de hotel en México. Quizá el mejor.
Inspiración para esta limonada con menta en el Café Alameda
La visita al Café Alameda me recordó que la comida y la bebida son siempre narradoras de historias. En esas mesas se cruzan generaciones: abuelos libaneses que llegaron a Mérida en los años 30, nietos que mezclan recetas heredadas con gustos locales, amigos que discuten política o simplemente charlan mientras el calor obliga a pedir otra ronda de limonadas con menta. Fue ahí donde confirmé que esta bebida debía regresar conmigo, no como souvenir, sino como receta viva que merece repetirse en casa una y otra vez.
De hecho, lo mejor de esta receta es que no exige ingredientes complicados ni técnicas rebuscadas. Se trata, más bien, de atreverse a usar el limón entero, cáscara incluida, junto con menta fresca, agua, azúcar y mucho hielo. El resultado es una bebida que, como Mérida misma, es simple en apariencia pero compleja en su carácter.
Receta: Limonada libanesa con menta
Ingredientes (para 4 vasos grandes):
- 2 limones enteros, lavados y cortados en cuartos (con cáscara)
- Jugo de 1 limón adicional
- ½ taza de hojas de menta fresca
- ½ taza de azúcar (ajustar al gusto)
- 3 tazas de agua fría
- 2 tazas de hielo triturado

Preparación de esta limonada con menta:
- Colocar en la licuadora el hielo, el agua, los limones en cuartos, el jugo de limón, la menta y el azúcar.
- Licuar a velocidad alta hasta obtener una mezcla espesa, ligeramente espumosa.
- Probar y ajustar con más azúcar o menta según preferencia. Licuar nuevamente si es necesario.
- Colar la bebida con un colador de malla fina y verter en una jarra.
- Agregar unas hojas de menta fresca para decorar.
- Servir bien fría.
Tip: para una versión adulta, se puede añadir un chorrito de vodka o mezcal, que combina de manera sorprendente con la menta.
La limonada con menta es una bebida que cuenta historias
Cada vaso de limonada con menta es, en realidad, un puente. Une a la comunidad libanesa con sus recuerdos de infancia, a los yucatecos con una tradición que ya sienten suya, y a los viajeros que llegamos de fuera con un sabor que nos invita a regresar. Beberla en Mérida, entre bodas, reencuentros y sobremesas largas, fue un recordatorio de que la cocina siempre es más que recetas: es historia líquida, cargada de memoria y de identidad.

Les dejo la receta para que ustedes se unan al viaje un sorbo a la vez. Porque no sólo de comida libanesa vive el sabor, sino de la frescura que podemos encontrar. Y, además, igual hasta los convenzo de armar su propio jardín casero. El nuestro empezó hace años, irónicamente, con menta.
