Por: Carlos Dragonné
Pocas veces me he decidido de último momento a quedarme unos días más en una ciudad cuando no lo tenía planeado. Pero cuando viajas por 6 días a Washington, DC y 4 de ellos estás metido en un Centro de Convenciones, es más que necesario alargar la estancia. Ya tenía resuelto el problema del vuelo con un cambio de mi fecha con Aeroméxico. Ahora sólo me faltaba encontrar el hotel. Alguien hace algún tiempo me había recomendado que la próxima vez que estuviera en la capital norteamericana me hospedara en un hotel boutique en el que ella se hospedó. Así que recurrí al teléfono -porque mi memoria no es tan buena-, hice la pregunta y lo reservé en cuanto tuve claro el nombre. Bienvenidos, entonces, a Washington. Bienvenidos a unos días en el Kimpton Hotel Madera.
Primer punto a favor de este lugar: la ubicación. No tuve que moverme de zona porque el hotel está sobre New Hampshire Ave. a escasa cuadra y media de Dupont Circle. Y cuando ha pasado ya el frenesí del Capital Pride y el asunto del evento de turismo que me trajo a la ciudad, la ciudad ha regresado a su día con día habitual. Entonces, me descubro caminando a las 11 y media de la noche hacia Kramerbooks & Afterwords Café, un lugar que cierra sus puertas pasadas las dos de la mañana, con buen café, buenos postres y mejores libros que fue, lo confieso sin un gramo de arrepentimiento, lo que enflacó mi cartera en este viaje.



Cuando uno viaja lo que más deseas es encontrar propiedades que se adapten a ti y no tener que adaptarse al hotel. El 90% de las ocasiones terminas adaptándote a la propiedad que escogiste o que escogieron por ti. Bueno… algo debo haber hecho bien en este viaje, porque me ha tocado ser parte del 10%. Y es que Kimpton Madera es un hotel que parece más como alguno de mis primeros departamentos, aunque bastante más grande que ellos.
Al bajar a nuestro primer desayuno en el lugar, descubro un marco de fotografía con un mensaje que me hace sonreír al haber resuelto el siguiente paso de mi odisea por Washington: “Pregunte por nuestras bicicletas para huéspedes”. Este fue un viaje que extendí para conocer de la mejor manera posible una ciudad que respira diferentes conceptos y que revienta en la realidad con un espejo de diversidad que no esperaba, a pesar de ser la capital misma. Sabía que eran días de pedalear y rodar por toda la ciudad, subir y cambiar de barrios, de zonas y andar entre los rincones de sabores internacionales de la calle 18 y los cafes ocultos en sótanos de Adams Morgan; subir por Woodley Park hasta la Catedral Nacional y luego bajar por Wisconsin Ave. hasta llegar al Georgetown Flea Market.







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