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Hacienda Xcanatún: el sueño sigue creciendo.

por Elsie Mendez Enriquez

Por Carlos Dragonné @carlosdragonne

Hay lugares en los que regresar equivale un poco a volver a casa. De pronto, entre tanto viaje, uno no encuentra centro para poder sentarse a respirar y, aunque a kilómetros de distancia, sentir que no hay nada ajeno. Mérida es una de las ciudades a las que cada vez que vuelvo me cuesta más irme. Pero hay un espacio en particular al que cuando llego siento que estoy en casa, con familia. Este lugar es Hacienda Xcanatún.

Mérida tiene demasiadas cosas buenas como para poder enumerarlas sin perder el sentido. La realidad es que la comida, cultura, historia y tradiciones de la ciudad nos llenan lo suficiente para buscar repetir ese viaje cada vez que se tiene oportunidad. La cosa con dónde quedarse siempre está resuelta: Hacienda Xcanatún es la primera y única opción que pensamos.

Hacienda Xcanatún, Mérida, Yucatán

Y es que contrario a muchas de las haciendas que se han convertido en hoteles destino de Yucatán, en Xcanatún todavía se respira la familia y los amigos. Y aquí merece un poco de contexto la historia. Mi vida profesional se forjó en la industria publicitaria. Cuando comenzaba, dos nombres eran considerados leyendas dentro de su propio rubro: fotografía y producción de agencia. Jorge Rus y Cristina Baker todavía creaban ecos en los sets de filmación y sus lecciones a la nueva generación se repetían como mantras entre toma y toma.

A Cristina no tuve nunca la oportunidad de verla en un set. De Jorge supe muchas lecciones en voz de sus alumnos. Mentor de varios a quienes admiro al día de hoy, Jorge siempre me lo mencionaron como un fotógrafo que definía el arte de contar historias a través de la luz y de glorificar los productos que le tocaba fotografiar. En alguna entrevista hace algún tiempo, Emmanuel Lubezki comentaba la admiración por el trabajo de Jorge en la formación de su carrera cinefotográfica. De esos tamaños los nombres de dos personajes que un día dejaron la ciudad de México y se fueron en busca de la paz que sólo Mérida puede dar.

Hacienda Xcanatún, Mérida, Yucatán

Hace varios años llegué a cenar a Hacienda Xcanatun y a platicar horas con Cristina y Jorge sobre los retos de una remodelación que apenas comenzaba y de la que hoy se pueden gozar los frutos. Entré a la propiedad en esta ocasión como si fuera la primera vez y comencé a recorrer esos rincones que tanto me llenan los espacios de necesidad emocional, mientras descubro las adecuaciones nuevas y las habitaciones que han cambiado para mejorar la que, a mi gusto, es la mejor experiencia de hospedaje en la ciudad de Mérida.

No veo a Cristina y a Jorge por ningún lado a mi llegada. Saco la cámara y empiezo a sacar algunas fotografías, temeroso de escuchar, de pronto, la voz grave y amable de Jorge para corregir mi encuadre y composición o para mencionarme el ángulo que dejé escapar en la urgencia de guardar algo más que la simple memoria de un espacio que cada vez que vengo parece diferente. La corrección no llega, pero sí entra la luz de un atardecer bastante noble en la ciudad y las sombras de árboles y construcción se van alargando en el patio principal.

Hacienda Xcanatún, Mérida, Yucatán

 

Jorge aparece caminando al día siguiente por el restaurante. Es justo como lo recuerdo y como cualquiera que haya pasado por aquí podrá recordarlo. Está trabajando, yendo de un lado a otro, revisando los números y checando las propuestas para mejorar la estancia de todos y la experiencia de quienes apenas cruzan las puertas para probar su cocina. Cristina está a una media hora de llegar.

Me acerco a Jorge y lo saludo. Lo abrazo como a un maestro y sonreímos juntos recordando que hace ya un buen rato de la última vez. Cristina entra en ese momento a la hacienda y mi cómplice eterna la intercepta para poder platicar con ella unos minutos antes de que llegue al restaurante. Cuando la veo entrar, los recuerdos de todas mis visitas llegan y nos abrazamos como familia, como aquellos maestros a los que casi no ves pero que valoras a cada segundo cuando los ves.

Hacienda Xcanatún, Mérida, Yucatán

Se que los veré poco esta vez. Tienen un viaje planeado y están por irse. Pero me cuentan de la nueva expansión que están planeando para la propiedad y de cómo hubo nuevos socios que se interesaron por ellos. No es para menos, la hacienda es espectacular. Pero no se trata de cualquier socio. Hacienda Xcanatun acaba de pasar a ser parte del catálogo de lujo de Banyan Tree Holdings, uno de los grupos hoteleros más importantes del mundo. Claro que representa nuevos retos para Hacienda Xcanatun, pero algo me dice que están más que seguros de poder lograrlo.

Es evidente lo que Banyan vio aquí para añadirlos a su catálogo. Hacienda Xcanatun toma la historia de esta hacienda henequenera del siglo XVIII y la transforma en algo único. Las habitaciones siguen siendo uno de los mejores ejemplos de belleza arquitectónica y respeto estructural que he visto en hoteles con una historia similar. Cada una de las dieciocho suites tiene una decoración colonial que hará que la estancia parezca demasiado corta, sin importar la cantidad de días que ésta dure.

Hacienda Xcanatún, Mérida, Yucatán

Nadie podría imaginar que hace unos años platicábamos sobre la devastación que causó el huracán Gilberto en la hacienda. Hoy se ve como si no hubiera pasado nada, fruto del esfuerzo de reconstrucción en el que Jorge y Tina han puesto la vida entera y que hoy miran orgullosos desde la ventana y empiezan a contar los planes de expansión para los próximos años. Y es que Hacienda Xcanatún no se detiene. Es, como estoy seguro que lo piensan sus dueños, un sueño que comenzó y no parece tener fin porque, después de todo, es el sueño que alimenta el día a día de ambos.

Antes de dormir esa noche, las palabras de Jorge y Tina resuenan en mi cabeza. Al final, sin darse cuenta o siquiera pretenderlo, lograron darme una nueva lección. Los sueños se persiguen hasta que todos los que nos rodean puedan entenderlo y vivirlo tal como lo imaginamos. Aún hay varios capítulos de Xcanatún que desconozco porque aún tengo muchos viajes de retorno pendientes.

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