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Grupo Gin y el autoritarismo en construcción

por Carlos Dragonné

Por: Carlos Dragonné @sabormexico

He trabajado en medios de comunicación por 20 años. De hecho, en unos días más se cumplen esos 20 años que arrancaron con una columna sobre política en el gobierno del Distrito Federal. En este tiempo no he sufrido censura una sola vez -por aquello de que haya quienes siguen jugando el papel de que en las épocas del PAN y el regreso del PRI no había voces disidentes- salvo si contamos el cambio de una palabra que mi editor movió en 2008 y que, antes de hacerlo, me llamó para darme su argumentación y preguntarme si estaba de acuerdo. Qué tiempos aquellos. México se mueve cada día más rápido a la censura y la autocracia. Se los dijimos y no quisieron escuchar. Hoy, Gin Group es la herramienta (no víctima) más reciente para la imposición de una tiranía desde Palacio Nacional. Y Beatriz Gasca la consecuencia más nueva.

He trabajado en Grupo Gin. De hecho busqué por mucho tiempo entrar a algunas de sus revistas y de esas páginas he conocido gente muy valiosa tanto para el mundo editorial como para el mundo del activismo. Hoy, me gustaría platicar con varios de ellos sobre el régimen del miedo que se ha instalado en su empresa. No es nada nuevo el hecho de la toxicidad de varias revistas del grupo en cuanto a las decisiones laborales y las amenazas a editores y editoras que ejercen su… (¿cómo decirlo?) derecho a tener una vida propia.

grupo gin

En más de una ocasión, editores de las revistas donde colaboraba del Grupo Gin, dirigido por Raul Beyruti, me llamaron para pedirme que bajara un tweet o que no pusiera cierto comentario en mi página personal de Facebook porque, usando sus propias palabras, «van a ligar al asunto de que somos amigos y me van a correr«. Esto, incluso, se dio cuando yo ya no era colaborador de ninguna de sus revistas. ¿Mi respuesta? Para los que me conocen les invito a hacer una quiniela sobre la duración de mi carcajada y mandar sus apuestas por correo a cdragonne@lossaboresdemexico.com o a Twitter en @sabormexico. Al que le atine a la cantidad de sonoridad humorística ante las peticiones le regalaré un kit con las revistas repetidas que tengo de mis colaboraciones para Gin Group.

Después de la acusación sin sustento y «con imágenes que pueden encontrar en las redes sociales» que realizó Claudia Sheinbaum, Jefa de (des)gobierno de la Ciudad de México, Raul Beyruti se ha unido a la larga lista de sometidos que instalan, pieza por pieza, el autoritarismo en México. ¿Qué información? Beatriz Gasca apoyó y llevó víveres en «su auto de lujo» (porque parece que el lujo les causa escozor a estos acomplejados) a las mujeres que, en su LEGÍTIMO DERECHO A LA PROTESTA están ocupando la sede de la Comisión Nacional de los Derechos (perdidos) Humanos. A partir de ahí, Sheinbaum se aventó una maroma conspiracionista en la que hasta a Beyruti le tocaba y le llamaban «facturero criminal» y, por supuesto, lo ligaban a «funcionarios de alto nivel de la administración anterior«, porque todo tiene que tener el mismo villano según su narrativa.

A escena: los zalameros. Funcionarios de toda la administración capitalina salieron más vivos que cualquier ministerio o procurador a unirse a la acusación y la condena, porque el escarnio público es hoy el gran ganador de la contienda. Jesús Ramírez Cuevas (o Lovrego, como quieran llamarle) desamarró a los bots y comenzó el linchamiento en redes sociales. Y entonces, como relojito, la guillotina cayó sobre Gasca y Grupo Gin salió a decir que ellos son buenos e inocentes, pero que van a empezar una investigación sobre los hechos. ¿Qué investigación? ¿Que su Vicepresidente de Recursos Humanos (el simbolismo es brutal) tiene una inclinación política feminista y apoya en la medida de sus capacidades a mujeres en la primera trinchera de protesta? Carajo, les diría que me angustia pero la realidad es que ni siquiera me soprende.

Gourmet de México, Playboy, Dónde Ir, Bleu & Blanc, Open y Mundo Ejecutivo son, entre otras, publicaciones del grupo que he seguido o en las que he colaborado. Me da pena ajena ver que gente como Elizabeth Solís, Josué Corro, Liliana Ortiz, Ligia Bang, Deby Beard, Arturo Flores, Daniela Sagástegui, Walter Coratella, Diana Salado, Alejandra Ostos o Aramis Flores, por solo mencionar a los actuales editores o colaboradores, no están saliendo a defender el derecho a tener una vida privada, una afiliación política, una pizca de humanismo o un gramo de solidaridad. Me indigna ver cómo esta noticia pasará de largo en el torbellino de información que ya no nos importa nada y que seguiremos viendo cómo se hace cada día más pequeño el espectro de nuestras libertades.

Dejé de colaborar con Gourmet de México dos veces en dos etapas distintas. La primera fue una decisión que tuvo que ver con argumentos personales. La editora que tuve en aquella primera etapa hoy estoy seguro que estaría casi presentando su carta de renuncia a menos que se reinstale a una mujer en su puesto porque su único error fue apoyar una causa. ¿Qué causa? No importa… es una causa y el derecho a la protesta está consagrado en la Constitución Política. La segunda editora de mi segunda etapa fue la que causó, en su momento, las carcajadas de las que espero sus quinielas. No es un asunto generacional. Es un asunto de valores, de unión, de solidaridad con lo que está pasando en todo el país y, sobretodo, del más simple y absoluto humanismo.

¿Por qué? Porque les quiero recordar que en México cada 20 segundos una mujer es violada y cada día 11 mujeres son asesinadas por el sólo hecho de ser mujer. No debería ser un motivo de escarnio público, persecución o despido que una Vicepresidenta de Recursos Humanos de una empresa tan importante lleve víveres a quienes, rotas por las ausencias de sus propias hijas, están ejerciendo el derecho de protesta que tanto le indigna a las autoridades incapaces. El escarnio y la pregunta que deberíamos hacernos todas las mañanas es: «¿Y usted por qué no está ayudando en nada, Doctor Raul Beyruti?».

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