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De cómo mi amor por la cocina comenzó con un simple libro.

Por: Carlos Dragonné

Cocinar es contar historias. Es algo tan simple y, a la vez, tan complejo, como sentarse a crear una narración de nosotros mismos a través de un platillo que bien puede ser de alta cocina en un restaurante multipremiado o en un domingo para sentarnos a convivir en el comedor con amigos o familiares. El arte de modificar los ingredientes, sin embargo, empieza con la inquietud de descubrir, de investigar, de averiguar y, por supuesto, de divertirse. Así empezó para mi la cocina, hace 30 años. Como un ejercicio de diversión –y un poco de hambre– para crear algo que pudiera repetir hasta que me quedara como quería. Y sí, mi romance con la cocina tiene un primer amor que hoy, después de muchos años, regresa con nuevas historias y nuevas cosas para conquistarme.

The Williams-Sonoma Cookbook and Guide to Kitchenware
The Williams-Sonoma Cookbook and Guide to Kitchenware

Puede sonar un poco cursi, lo entiendo. Pero mientras muchos niños iban por la vida queriendo juguetes y videojuegos, mi pasión se dividía siempre entre películas nuevas y utensilios de cocina. Entre posters edición especial de mis héroes cinematográficos y libros de recetas que me permitieran, a mi corta edad, intentar entender el proceso para preparar en casa algo diferente, algo nuevo y delicioso. Y ahí fue que, en un viaje a San Antonio, Texas, en una librería del North Star Mall, lugar al que mi padre me llevaba cada vez que íbamos a esa ciudad texana, encontré un libro que durante años guardé con recelo hasta que perdí en una mudanza y que aún me causa nostalgia recordarlo: The Williams-Sonoma Cookbook and Guide to Kitchenware. Recordándolo y entendiendo ya con la experiencia la estrategia editorial, este libro-catálogo fue mi primer acercamiento para entender el equipamiento decente que toda cocina debe tener y, aunque me hacía falta más de la mitad de lo que ahí se publicaba, recuerdo el compendio de recetas que intenté realizar y que, muchas de las veces, si bien no quedaban como lo mostraban las fotografías, sí eran bastante comibles y disfrutables.Williams-Sonoma México

Así comenzó mi romance con la cocina. Y al pasar de los años, las palabras Williams-Sonoma se convirtieron en un sinónimo de algo que tenía que tener. Por mucho tiempo pensé que sólo se limitaban a libros de recetas que consumí –y sigo consumiendo, de hecho– ávidamente. Acomodados en mi librero alcanzo a ver, desde donde estoy escribiendo este texto, los libros Slow Cooking, Pasta, Pizza, Desayunos, Postres, Mexicana, Soup & Stew, Grilling, Asian, Pollo, Salsas, Italiana, Pescados, Baking, French, Pasteles, Galletas, Vegetales y hasta el Gluten Free, que sigo sin saber por qué lo compré, sin encontrar más razón que mi pasión por tener la mayor cantidad de libros de receta que pueda. Y no son todos los que tengo, algunos en inglés, otros en español, sino que son apenas los que alcanzo a ver desde donde estoy sentado. Hay una especie de placer obsesivo-compulsivo en el acomodo del librero con las palabras Williams-Sonoma puestas en orden en uno de los espacios en donde siempre puedo acudir cuando se trata de buscar alguna receta escrita para jugar con ella, modificarla, inventarla o intentarla.

The Williams-Sonoma Cookbook and Guide to Kitchenware 1
The Williams-Sonoma Cookbook and Guide to Kitchenware 1

Ahora imaginen la primera vez que entré a una tienda Williams-Sonoma. Fue en San Diego, California hace poco tiempo, de hecho. Y podríamos decir que más o menos fue el equivalente a Disneyland para un niño. Todo tipo de aditamentos, utensilios, cafeteras, cuchillos –dos de mis cuchillos más queridos los compré ahí–, maquinas para hacer helados, tablas, mandiles, delantales… en fin… una especie de “tome lo que pueda y lo que le quepa en su maleta” que terminó en la compra de una maleta extra y una larga explicación al oficial de aduana cuando regresé a la ciudad de México de que no estaba vendiendo fayuca y que todo lo que estaba ahí era para uso personal. No me creyeron mucho que digamos, pero al final me salí con la mía.

Williams-Sonoma México
Williams-Sonoma México

Cocinar es, como les decía, contar historias. A veces al comensal, a veces a uno mismo. Y los protagonistas de esas historias son los recuerdos que nos formamos, de los que nos hacemos parte y, a veces, los que nos inventamos en la búsqueda de la fantasía perfecta, pues las historias terminan siendo gran parte de recuerdos con un pequeño agregado de ilusión y deseos que preferimos pensar que conseguimos para seguir imaginando lo que sinificarán el día que los alcanzemos de una buena vez. Para mi la historia de la cocina en mi vida pasa, irremediablemente, por Williams-Sonoma, una marca que fue parte de mis deseos en épocas incluso en que no había mucho dinero para comer algo más allá que una sopa ramen de microondas y que me llevaba a las famosas tiendas de los búhos para, cuando aún se podía, quedarme horas hojeando y hojeando los libros que, en su momento, no podía comprar. Esas historias de platillos que parecían casi imposibles de preparar por la falta de ingredientes o utensilios en mi cocina y que se apuntaban en la lista de metas a conseguir para cuando las épocas de vacas flacas terminaran. De uno de esos libros cociné mi primer postre de fresa con ruibarbo y jengibre, receta que apunté en una pequeña libreta copiándola por partes en aquellas tiendas donde, procurando aprovechar el tiempo antes de que el encargado del departamento de libros me recordara amablemente –y no tan amablemente pasadas varias veces que lo ignoré– que esa era una tienda y no una biblioteca. Hoy, ese libro lo tengo entre mi colección y he manchado las páginas con miel, caramelo, agua, salpicaduras de mantequilla y hasta leche en una cocina que se convierte, como para todos los que la hacemos nuestro templo, en un lugar privado y al que nadie puede acceder, al menos emocionalmente, de la manera en que lo hacemos nosotros.

Cood Good Food Book, Williams-Sonoma México
Cood Good Food Book, Williams-Sonoma México

Esa historia de amor con la cocina comenzó con un simple libro y hoy se ha convertido en la mitad de mis pasiones, dándole espacio a la narrativa audiovisual para que se apropie de la otra mitad. El escenario a futuro se ve prometedor, con un sinfin de nuevos capítulos que tengo que descubrir con la llegada de Williams-Sonoma a la ciudad donde vivo y que tiene, al mismo tiempo, a mi cartera temblando de miedo –no por ser un lugar caro, sino por ser yo un insaciable consumidor de sus productos– y a mi cocina respirando con la expectativa de las muchas risas que se escucharán entre los cajones, como eco en los sartenes y percusión de palas y utensilios que hacen hueco para recibir nuevas amistades en los cajones. Hoy estoy por querer contarme nuevos aromas en esas largas sesiones de fogones y platillos los fines de semana, en medio de una lucha entre la dieta y las especias que llenan un anaquel cada vez más nutrido de ideas. Y sí… las historias comienzan a escribirse sin que las haya planeado o, incluso, sin que me diera cuenta. Salí de la tienda embelesado y con un libro nuevo… entre otras tantas cosas.

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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