La industria hotelera de Estados Unidos se enfrenta a un panorama de crecimiento más moderado —por decirlo de manera elegante— para los próximos dos años. La firma CoStar y Tourism Economics han ajustado a la baja sus proyecciones para 2025 y 2026, señalando como principales causas la incertidumbre económica, la inflación, comparativos anuales desfavorables y patrones de viaje que están cambiando.

A pesar de que se espera que la economía mantenga cierta estabilidad, el sector hotelero no verá una recuperación clara hasta que finalicen las negociaciones comerciales en curso y se active por completo el impacto de la Big Beautiful Bill Act, una ley presupuestaria que, según analistas, podría impulsar el gasto y la confianza en el mercado.
Ajustes en las cifras de Crecimiento Hotelero en Estados Unidos
El pronóstico, presentado durante la 17ª Conferencia Anual de Datos Hoteleros, refleja un recorte en las proyecciones para 2025:
- Demanda: baja de 0.6 puntos.
- Tarifa diaria promedio (ADR): caída de 0.5 puntos.
- Ingreso por habitación disponible (RevPAR): retroceso de 1.1 puntos.

Para 2026, las revisiones siguen la misma tendencia:
- Demanda: -0.5 puntos.
- ADR: -0.3 puntos.
- RevPAR: -0.7 puntos.
Amanda Hite, presidenta de STR, explicó que “la incertidumbre constante y la inflación, combinadas con calendarios difíciles para las comparaciones anuales y cambios en la forma de viajar, han reducido la demanda. Además, conforme avanza el año, hemos visto que el crecimiento de tarifas se ha alineado más con la demanda. El panorama económico no cambiará mucho en los próximos 18 meses, pero confiamos en que, una vez concluyan las negociaciones comerciales y se sientan los efectos de la ley de reconciliación presupuestaria, el desempeño hotelero repuntará”.

Economía en desaceleración, pero sin recesión… hasta ahorita.
Por su parte, Aran Ryan, director de estudios industriales en Tourism Economics, aseguró que la desaceleración de la economía estadounidense no implica necesariamente una recesión.
“El entorno actual —con menor gasto de los consumidores, menos inversión empresarial y caída en la llegada de turistas internacionales— dará paso a un escenario impulsado moderadamente por recortes de impuestos y menor incertidumbre en políticas, especialmente al acercarnos a 2026”, comentó.
Uno de los puntos que más preocupa a los operadores hoteleros es el incremento potencial de costos, sobre todo en alimentos y bebidas (F&B), lo que podría presionar los márgenes de ganancia. Según Hite, aunque las previsiones para el GOPPAR (beneficio operativo bruto por habitación disponible) no han cambiado desde la última revisión, los márgenes se ajustaron a la baja en 0.3 puntos porcentuales para 2025 y 2.3 puntos para 2026.
Contexto de las revisiones del crecimiento hotelero.
No es la primera vez en el año que CoStar y Tourism Economics ajustan sus proyecciones. En junio ya habían reducido las expectativas de crecimiento para 2025 y 2026 debido al bajo rendimiento del primer trimestre y factores macroeconómicos. En ese momento, la revisión incluyó:
- Oferta: -0.1 %.
- Demanda: -0.6 %.
- ADR: -0.3 %.
- RevPAR: -0.8 %.
Estos cambios muestran que la industria hotelera se encuentra en una fase de adaptación, en la que no solo influyen las condiciones económicas globales, sino también la forma en que las personas deciden viajar. El turismo de negocios, por ejemplo, todavía no ha regresado a niveles previos a la pandemia, y el turismo internacional sigue enfrentando barreras, desde costos más altos hasta visados más estrictos.

Lo que viene para el sector
Aunque los números actuales muestren un freno en el crecimiento, los analistas se mantienen cautelosamente optimistas. Las perspectivas para 2026 apuntan a un entorno con menos tensiones comerciales, estímulos fiscales en marcha y consumidores con mayor disposición para gastar en experiencias, incluyendo viajes.
El reto para los hoteleros será encontrar un equilibrio entre precios competitivos y rentabilidad, al tiempo que enfrentan costos operativos más altos. Esto podría implicar innovar en servicios, optimizar el uso de tecnología para mejorar la eficiencia y diversificar las fuentes de ingreso, por ejemplo, apostando por eventos, experiencias gastronómicas o paquetes que integren transporte y actividades.

Incertidumbre, política y discriminación. El crecimiento hotelero sufre las consecuencias.
Claro que la incertidumbre hoy protagoniza el escenario económico global, pero en el caso del turismo estadounidense, el desasosiego trasciende lo meramente financiero. Se trata de una inquietud palpable entre quienes viajan: no proviene del temor a paisajes hostiles, sino de la opacidad y el temor a lo que ocurre al cruzar las fronteras. No se trata de persecuciones callejeras, sino de decisiones tomadas detrás de un escritorio, en aeropuertos y puertos de entrada.
Como relató la turista británica Becky Burke, fue detenida, esposada y trasladada a un centro de detención migratoria sin haber cometido delito alguno. Y este tipo de episodios no son aislados: se han reportado detenciones inesperadas, cuestionamientos sobre redes sociales y retenciones por parte de la autoridad migratoria en aeropuertos, generando un ambiente de incertidumbre que pesa tanto como el costo del boleto.

Los costos casi impagables están pegándole al crecimiento hotelero.
Y hablando de costos: viajar a Estados Unidos está derivando en una experiencia exorbitante. La inflación desbocada y el constante aumento en los precios de servicios —desde aerolíneas hasta alojamiento y transporte interno— hacen que muchos turistas reconsideren sus planes. A esto se suma un incremento directo en el precio de las visas: a partir del 1° de octubre, la tarifa de visas de no inmigrante se elevará a aproximadamente 435 dólares, cuando antes rondaba los 185. No es una cifra menor: hablamos de cientos de dólares extra para quienes viajan por trabajo, estudios, turismo o reunificación familiar.
Canadá fue el primero, ¿quiénes serán los que siguen?
Pero incluso antes de llegar ahí, existe otro elemento que cae como una sombra sobre el turismo: Canadá, principal país emisor de viajeros hacia Estados Unidos, ha mostrado señales de enfriamiento en su flujo de visitantes, en buena medida por disputas políticas y tensiones diplomáticas. Esa relación de cercanía se ha erosionado en el ánimo colectivo: el costo económico se complementa con una sensación de distanciamiento, agravada por el costo y la burocracia crecientes.

Y como si todo lo anterior fuera poco, a partir del 20 de agosto podría entrar en vigor un programa piloto que requerirá una “fianza” reembolsable de hasta 15 000 dólares para ciertos solicitantes de visa B-1/B-2, especialmente de países con altas tasas de estadía irregular. Aunque existe la posibilidad de reembolso, la sola ambigüedad sobre cómo, cuándo o si será implementada esta exigencia ha sembrado aún más dudas entre quienes contemplan visitar Estados Unidos. Y, peor, ¿a qué países les van a aplicar esta fianza que huele a corrupción y que espantará hasta al más boyante de los viajeros?