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Chepina Peralta. Mi primera maestra en la cocina.

por Carlos Dragonné
Por: Carlos Dragonné @carlosdragonne

Mucho se escribirá de ella en los próximos días. Sin duda habrá entrevistas y pláticas con quienes la conocieron mejor que yo o, para ser más exactos, quienes sí la conocieron. Yo apenas coincidí con Chepina Peralta como cualquier admirador, en algunos eventos de cocina. Pero su imagen está grabada a mi amor por la cocina y eso nunca cambiará.

Tenía 8 años y TV Azteca todavía no existía. La televisora era Imevisión y en ella, todos los días, Chepina Peralta tenía el que fue el primer programa de cocina que me enseñó a cocinar en casa. Hoy, después de una enorme carrera y una vida todavía más grande, Chepina Peralta, esa cocinera que llegaba a nuestras casas por la televisión y de la que su voz llenaba las cocinas y salas de México ha muerto. Y el mundo de nuestra gastronomía amanece un poco más triste.

Así como Estados Unidos tuvo a su Julia Child y Betty Crocker y Reino Unido tuvo a Margueritte Patten, nosotros tuvimos a Chepina Peralta. La imagen y el formato de cocina en la televisión de nuestro país se definió a partir de lo que ella hizo en las pantallas de su época y de públicos futuros. Nacida como Lucía Sánchez Quintanar, Chepina hizo más de 7,000 episodios de televisión en los que enseñó a generaciones a disfrutar de una buena comida y luchó incansablemente por demostrar que la cocina era un espacio sagrado para toda la familia.

chepina peralta

Era 1987 cuando la vi por primera vez. Tenía yo apenas 8 años y recuerdo con especial cariño haber visto y apuntado la receta de su versión de spaguetti a la bolognesa. Como alumno atento frente a la televisión de la cocina en casa, me sentaba con una libreta y una pluma a llevar un resumen de lo que hacía y cómo lo hacía, con el firme propósito de repetirlo yo horas después. Sobra decir que quemé ollas e ingredientes, pero con algunos intentos pude lograr lo que parecía impensable: un niño cocinando en un espacio pequeño en un departamento en el sur de la ciudad, con mi familia esperando probar lo que intentaba replicar.

Convertida en la primera mujer en Latinoamérica en tener su propio programa de cocina, Chepina se metió a la televisión a finales de los años 60. Era una época en que la televisión se hacía con un poco más de preparación y llegó al frente de las cámaras por su educación en oratoria. Incluso para poder hacerlo tramitó su licencia de locutora para darle más seriedad y profesionalismo al asunto. Incluso viajó por todo el país y tomó clases de nutrición y con varios cocineros de México para poder saber de qué hablaba.

chepina peralta

En una entrevista en los años 70 dijo que a ella no le gustaba cocinar pero que aprendió a hacerlo motivada por el tema de la salud. Fue de las primeras personalidades en apuntar el dedo hacia el gravísimo problema de obesidad infantil que hay en el país y así comenzó a producir sus programas con una visión de salud integral.

Para ser alguien a quien no le gustaba cocinar, Chepina lo hizo muy bien. 10 libros de cocina y una enorme cantidad de reconocimientos después, tuve la fortuna de encontrarla por primera vez en uno de los eventos en los que se le rendía homenaje. Por años se pensó que el público de Chepina Peralta se componía de amas de casa a las que llegaba a darles recetas y consejos de cocina a través de alguno de los canales en los que participó. Pero la realidad es que el evento estaba lleno de todo tipo de público. Nos llegó a todos y, de alguna forma, en un país con poco acceso televisivo y para generaciones que sólo tenían la televisión abierta, ella se volvió la infaltable maestra de la cocina a la que seguíamos para intentar entender más de lo que podíamos lograr ahí dentro.

Chepina Peralta tuvo una trayectoria enorme que abarcó Imevisión, TV Azteca, Televisa, Utilísima y el radio. Pero su legado más importante fue la incontable cantidad de cocineros que, desde niños, identificaron en los fogones y en la repetición de sus recetas, la pasión que terminaría por cambiar sus vidas. El primer libro que yo compré de cocina fue La Cuchara de Plata, biblia de la cocina italiana. Pero puedo rastrear mi amor por esa gastronomía a esa tarde en la que apenas con ocho años de edad intentaba hacer un spaguetti a la bolognesa que ella me enseñó a hacer unas horas antes en su programa de televisión. Y sí, siempre lo he pensado de la misma forma: «Ella me enseñó a hacerlo». Porque los maestros y guías no sólo son quienes se cruzan directamente en el camino, sino también aquellas figuras que parecen inalcanzables y a quienes uno decide admirar.

Hoy, en un mundo que se llena cada día más rápido de figuras de oropel, papel maché y falsedades, de cocineros improvisados que están en la pantalla por carisma y no por conocimiento y de estrellitas marineras que parecen ahogarse a cada cambio de tendencia gastronómica, gente como Chepina Peralta va haciendo cada día más falta. Descanse en Paz.

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