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Botanas mexicanas para una noche de juegos: qué servir para compartir sin complicarse

por Carlos Dragonné

Hay cenas que exigen mantel, cubiertos bien colocados y tiempo para sentarse frente a un plato. Y hay otras noches en las que la comida funciona mejor cuando son botanas mexicanas para disfrutarse con las manos, compartirse al centro y sobrevivir tranquilamente a una conversación que se alarga. Una reunión alrededor de juegos de mesa o cartas pertenece claramente al segundo grupo.

En México tenemos una ventaja importante para este tipo de encuentros: buena parte de nuestra cocina informal parece diseñada para compartir. Totopos, salsas, tacos pequeños, tostadas, esquites, quesadillas y todo tipo de antojitos permiten construir una mesa abundante sin convertir al anfitrión en cocinero de tiempo completo.

El secreto no está en preparar veinte cosas diferentes, sino en elegir alimentos que puedan permanecer sobre la mesa, que se sirvan fácilmente y que no obliguen a interrumpir la reunión cada diez minutos.

Estas son algunas ideas para organizar una noche de juegos donde la comida sea parte de la diversión.

botanas mexicanas

El guacamole sigue siendo el punto de partida en las botanas mexicanas.

Es difícil encontrar una botana más práctica.

Un buen guacamole puede prepararse pocos minutos antes de que lleguen los invitados y colocarse al centro de la mesa acompañado de totopos recién calentados.

La base no necesita demasiadas complicaciones:
  • aguacate maduro;
  • cebolla blanca o morada;
  • chile serrano;
  • cilantro;
  • jugo de limón;
  • sal.

A partir de ahí empiezan las decisiones personales.

Hay quien agrega jitomate y quien considera que no debería acercarse al molcajete. También pueden incorporarse semillas tostadas, granada en temporada o incluso pequeños trozos de queso fresco.

Pero para una reunión informal conviene mantenerlo sencillo.

El aguacate debe ser el protagonista.

Una buena idea es preparar dos recipientes pequeños en lugar de uno enorme. De esta forma se puede sacar el segundo cuando el primero se termine y evitar que todo el guacamole permanezca demasiado tiempo expuesto al aire.

Esquites en vasos pequeños: menos desorden, mismo sabor

El esquite tiene algo especialmente adecuado para una noche larga: es reconfortante, intenso y puede comerse lentamente.

Servirlo en vasos pequeños también resuelve uno de los grandes problemas de cualquier mesa alrededor de cartas o juegos: el espacio.

No necesitamos platos grandes.

Una olla de esquites puede permanecer caliente mientras cada invitado prepara su vaso con los acompañamientos que prefiera: mayonesa, limón, queso, chile en polvo y salsa.

También podemos colocar los ingredientes por separado y permitir que cada persona construya su propia combinación.

La ventaja es que se trata de una preparación económica y fácil de producir en cantidad.

Además, funciona especialmente bien cuando la reunión empieza temprano y queremos ofrecer algo más sustancioso que unas simples papas.

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Tostadas pequeñas para comer en dos o tres bocados

La tostada tradicional puede convertirse rápidamente en una comida completa. Para una reunión, en cambio, conviene reducir el tamaño.

Podemos utilizar tostadas pequeñas o partir algunas más grandes y ofrecer diferentes ingredientes para montar al momento. Una combinación sencilla puede incluir frijoles refritos, pollo deshebrado, lechuga, crema, queso y salsa.

Otra opción más fresca es preparar ceviche. También funcionan muy bien las tostadas de tinga, pata, atún o frijoles con aguacate.

Aquí existe una regla importante: no montarlas demasiado pronto.
Una tostada preparada media hora antes probablemente perderá su textura crujiente.

Es mucho mejor colocar las bases y los ingredientes por separado para que cada invitado arme la suya cuando quiera comerla.

Quesadillas pequeñas que realmente lleguen calientes a la mesa

Las quesadillas tienen un problema. Son magníficas durante los primeros minutos y bastante menos interesantes cuando llevan cuarenta minutos esperando sobre un plato. La solución es prepararlas en pequeñas tandas. En lugar de cocinar veinte quesadillas antes de que comience la reunión, podemos hacer cuatro o cinco cada cierto tiempo y cortarlas por la mitad.
Los rellenos tampoco necesitan ser complicados:

  • Queso con flor de calabaza.
  • Queso con hongos.
  • Chicharrón prensado.
  • Rajas con crema.
  • Tinga.
  • Papa con chorizo.

Una sola masa o tortilla puede convertirse en varias botanas diferentes cambiando únicamente el relleno. Y si tenemos comal cerca de la mesa, cocinar una nueva tanda apenas toma unos minutos.

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Una mesa de salsas puede ser más interesante que otra botana

A veces pensamos demasiado en el plato principal y muy poco en aquello que puede transformarlo.

Tres buenas salsas pueden hacer que los mismos tacos o quesadillas sepan completamente distintos.

Por ejemplo:

  • Una salsa verde fresca, con tomatillo, cilantro, chile serrano y cebolla.
  • Una salsa roja tatemada, preparada con jitomate, ajo y chile seco.
  • Una salsa de chile morita, más intensa y ahumada.

No todas deben ser extremadamente picantes.

De hecho, resulta más interesante jugar con distintos niveles de intensidad.

También conviene identificar cuál es la salsa más fuerte. Nadie quiere descubrirlo accidentalmente cuando ya tiene una cucharada completa sobre la tostada.

Una noche de cartas también puede construirse alrededor de la comida

Las cartas tienen una larga relación con las reuniones sociales. Antes de convertirse en entretenimiento digital, una partida era también una excusa para sentarse, conversar y compartir algo de comer durante varias horas.

Esa costumbre sigue vigente, aunque ahora convive con formas digitales de entretenimiento. Desde juegos casuales hasta plataformas dedicadas al poker online chile, la experiencia también se ha trasladado a las pantallas en distintos mercados latinoamericanos.

Para la mesa, sin embargo, la lógica gastronómica continúa siendo exactamente la misma: alimentos fáciles de tomar, porciones pequeñas y preparaciones que no interrumpan constantemente la conversación.

Por eso los antojitos mexicanos funcionan tan bien.

Tacos pequeños en lugar de una taquiza completa

Una taquiza puede convertirse fácilmente en el centro absoluto de una fiesta.

Pero no siempre necesitamos llegar tan lejos.

Para una noche con pocos invitados basta con elegir dos guisados y utilizar tortillas pequeñas.

  • Cochinita.
  • Tinga.
  • Carnitas.
  • Pollo con mole.
  • Champiñones.
  • Rajas con queso.

La clave está en mantener calientes tanto el relleno como las tortillas.

Una pequeña vaporera o un recipiente cubierto con un paño limpio puede ayudar a conservar las tortillas durante más tiempo.

Después únicamente necesitamos cebolla, cilantro, limón y un par de salsas.

No hace falta mucho más.

Cuando el taco es pequeño, además, los invitados pueden comer uno y volver al juego sin sentir que acaban de sentarse a una cena completa.

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Chicharrón preparado: una botana que se arma en minutos

Hay preparaciones cuyo principal atractivo está precisamente en no complicarlas.

El chicharrón preparado pertenece a esa categoría.

Necesitamos una pieza de chicharrón y, dependiendo del estilo que prefiramos, podemos agregar:

  • crema;
  • col rallada;
  • cueritos;
  • jitomate;
  • aguacate;
  • salsa;
  • limón;
  • queso.

Para compartir es mejor hacer versiones pequeñas.

También pueden dejarse los ingredientes preparados y montar cada pieza justo antes de servirla, evitando que el chicharrón absorba humedad demasiado pronto.

Crujiente, ácido, picante y cremoso al mismo tiempo: tiene exactamente el tipo de contrastes que buscamos en una buena botana mexicana.

No todo necesita chile

Cuando organizamos una mesa mexicana existe una tentación comprensible de hacer que absolutamente todo pique.

No es necesario.

El chile puede estar presente sin dominar cada plato.

Si tenemos una salsa potente, podemos permitir que el guacamole sea mucho más suave.

Si los esquites llevan chile, quizá las quesadillas puedan tener un relleno más delicado.

Los contrastes hacen que podamos seguir comiendo durante varias horas sin cansarnos del mismo perfil de sabor.

También permiten que cada persona ajuste la intensidad a su gusto.

En una reunión de varias personas siempre resulta más práctico ofrecer el picante como opción que convertirlo en obligación.

¿Y algo dulce?

Después de varias horas de sabores salados, ácidos y picantes, una pequeña preparación dulce puede cerrar muy bien la noche.

No tiene que ser un postre complejo. Aquí unas ideas:

  • Churros pequeños.
  • Buñuelos.
  • Palomitas con canela.
  • Alegrías.
  • Chocolate.
  • Incluso fruta cortada acompañada de un poco de chocolate puede funcionar.

Aquí vuelve a aplicarse la misma regla: porciones pequeñas. Una enorme rebanada de pastel exige plato, tenedor y atención. Un churro pequeño desaparece en dos bocados. Para este tipo de reunión, eso es exactamente lo que necesitamos.

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Las bebidas también deben pensarse para una noche larga

La primera recomendación es bastante obvia, pero suele olvidarse: agua suficiente.

Una mesa llena de alimentos salados y picantes necesita opciones refrescantes. Las aguas frescas funcionan perfectamente. Se vale usar las clásicas de siempre. O agregar algunas mezclas nuevas. 

  • Jamaica.
  • Horchata.
  • Tamarindo.
  • Limón con Menta.
  • Mandarina.
  • Sandía con Jengibre
  • Agua de limón con chía.

También podemos preparar agua mineral con cítricos para quienes prefieran algo menos dulce.

Si se sirven bebidas alcohólicas entre adultos, conviene acompañarlas siempre con opciones sin alcohol y comida suficiente.

Una reunión que puede durar varias horas no debería depender únicamente de bebidas dulces o alcohólicas.

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Cómo montar la mesa sin llenarla de platos

Más comida no siempre significa una mejor mesa.

Especialmente cuando el espacio también debe utilizarse para cartas, fichas, tableros o cualquier otro juego.

Una organización sencilla puede funcionar así:

  • En el centro, guacamole y salsas.
  • A un lado, totopos y tostadas.
  • En otro punto, vasos pequeños para los esquites.
  • Las preparaciones calientes pueden permanecer fuera de la mesa principal y aparecer por tandas.
  • Los postres pueden esperar hasta el final.

Así evitamos llenar todo desde el primer minuto.

También resulta útil colocar servilletas en varios puntos. Parece un detalle menor hasta que alguien necesita cruzar toda la mesa con las manos llenas de salsa.

La mejor botana es la que permite seguir conversando

Una reunión informal no necesita un menú perfecto. Necesita ritmo. La comida debe aparecer cuando hace falta, poder compartirse fácilmente y dejar que la conversación continúe.

Ahí los sabores mexicanos tienen una ventaja enorme. Un poco de maíz. Aguacate. Frijoles. Queso. Chile. Limón. Una buena salsa.

Con ingredientes relativamente sencillos podemos construir una mesa que dure toda la noche. Y quizá esa sea la verdadera función de una botana.

No convertirse en la protagonista absoluta, sino dar a todos una razón más para permanecer sentados alrededor de la misma mesa.

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