Home ComidaArtículos y Noticias Abraham Tamez. Chef, rockstar y el epicentro de lo que pasa en Cabos.

Abraham Tamez. Chef, rockstar y el epicentro de lo que pasa en Cabos.

por Carlos Dragonné
Por: Carlos Dragonné. Fotos por Frank Tesisteco y Elsie Méndez

Descubrir talentos es algo que viene de la mano de viajar. Encontrar nuevas personalidades de la gastronomía se convierte en una de las ventajas que más agradezco de esta profesión. Pero cuando el descubrimiento no sólo es de un talento sino de una persona entrañable, cuando encuentras en el camino a un amigo y dejas raíces en un destino, el sentido de viajar es distinto. Los Cabos ha hecho eso un par de veces en todos mis años viajando aquí. Después de muchos años, lo volvió a hacer. Porque las historias que se cuentan con emoción de este viaje tienen muchos nombres, pero el hilo conductor es el mismo: Abraham Tamez.

Tengo un cariño especial por Los Cabos. Ya sea ir a San José del Cabo y descansar en hoteles como el JW Marriott o en casa de Sabrina López, cocinera local que se ha vuelto amiga querida, hasta el gozo absoluto de atravesar la carretera transpeninsular y llegar a Cabo San Lucas donde hoteles y lugares de todo tipo siempre están esperando a recibirnos, este destino de la Baja es, por mucho, mi razón predilecta para viajar a la península. Salimos de Tijuana rumbo a Los Cabos sin saber dónde nos quedaríamos y aterrizamos en la ciudad con las puertas abiertas de Abraham, a quien conocí personalmente unos meses antes en ciudad de México, tras un tour de mercados que mi cómplice perfecta le dio en aquellos días en los que la pandemia no gobernaba completamente nuestros pasos.

Abraham Tamez es una figura en Los Cabos. No sólo en términos culinarios, y mucho de ello les contaré en este texto. Chef fundador de Metate Cabo, Abraham entró en mi radar no en el tour de mercados, sino con la creación de Inferno Fest, un festival dedicado a la brasa con el que deja salir su pasión por ésta pero, más importante, el convite con amigos y colegas. En medio de la planeación para la nueva edición a la que me invitaron a participar -como fotógrafo, no como cocinero-, llegó la pandemia y entonces Abraham detuvo el festival pero mantuvo el movimiento de muchas de las ideas que genera. La primera de ellas: King Club. Y como asiduo a este destino, no puedo más que agradecer que sea tan creativo.

abraham tamez

King Club es una taquería y sports bar. Sí… en una profesión en la que estamos acostumbrados a platicar de fine dining, técnicas culinarias complicadas, revistas, portadas y medios de comunicación, una taquería parece poca cosa. Créanme que en Los Cabos no lo es. Hacían falta buenos tacos en este destino. Parte de la oferta gastronómica de El Mercado -imaginen un Mercado Roma, pero bien hecho-, y vecino de cocineros como Alberto Collarte o Alfonso Cadena, Abraham se trajo la esencia de esas taquerías de ciudad que tanto hacen falta para un mercado en crecimiento. En un concepto visualmente extraordinario que le hace homenaje al box y el sentimiento de los viejos gimnasios del deporte, pero armado como un sports bar para disfrutar amigos y tragos con buena comida, no dudo que se convierta en un básico de Los Cabos en muy poco tiempo.

Pero Abraham es más que un taquero, créanme. Socio fundador de Metate, un restaurante que dejó huella en Los Cabos, Tamez viene de una herencia culinaria que le dejaron sus abuelos. «Cuando se casaron, mi abuela no sabía cocinar. Entonces mi abuelo la trepó a un caballo y la mandó a cada rincón de México que hacía la comida que le gustaba», me comenta mientras atravesamos la carretera transpeninsular rumbo a su casa que nos abrió los primeros días de mi viaje por Los Cabos y que, dicho sea de paso, me salvó enteramente porque mi plan original de estancia se había cancelado. «Entonces ella empezó a aprender y cocinar. Siempre en mi casa se cocinaba para la familia, diferentes cosas y el metate se usaba todo el tiempo», recuerda orgulloso.

abraham tamez

Venir de una familia que tiene amor por la cocina es fundamental y te define más que como cocinero, como persona. Abraham creció entre fogones, junto al molcajete, al metate y se convirtió en un amante del chisporroteo del fuego y el aceite, de las ollas de barro y los aromas. Eso lo llevó a abrir un espacio en Polanco, recién salido de la carrera, en el que tuvo sinsabores de triunfo y fracaso. Y entonces, la apuesta por Cabo se puso como una opción única e irrenunciable.

Llegó a Cabo a la cocina de una amiga de su familia, un restaurante pequeño, lleno de promesa y de lucha. Y como siempre pasa con buenos cocineros, alguien metió mano, levantó la voz y pidió llevárselo. Así, Abraham entró al mundo de la hotelería. De la mano de un chef clásico francés, tuvo que vivir el desazón de la vieja escuela francesa, esa que enseña a punta de patadas, de gritos y quiebres, de cosas que hoy, en la generación del no me hables feo, parece casi imposible que suceda. Pero se forjó carácter y, mejor aún, aprendió a no ser lo que no quería, además de darle forma a en lo que quiso convertirse.

abraham tamez
abraham tamez

«Gerardo Rivera fue como mi papá», me dice recordando su llegada a Grupo Posadas como chef en el área de banquetes. Lleno de halagos por quien ha forjado una escuela en Los Cabos -no es la primera vez que escuchamos esa definición sobre Gerardo, hoy Chef Ejecutivo de todo Grupo Posadas-, Abraham sabe que su entrenamiento en Posadas es uno más de toda la historia que lo construye. Años después, reconoce en cada momento a quienes han puesto un grano en la base del cocinero que es y pocas personas he visto que sonrían tanto cuando recorren su historia.

Tras haber casi dejado la hotelería antes de entrar a Posadas, tras haber viajado y abierto espacios fuera de México, Los Cabos lo sigue llamando. Un destino en el que claramente ha echado raíces y en donde ha generado una identidad propia, de la mano de quienes están construyendo la historia culinaria de Los Cabos, Abraham recorre la mirada por el espacio que construyó en Metate y sabe que lo que está ahí se pudo lograr por la pasión que lo ha llevado a defender sus sueños más que lo que muchos defienden sus realidades.

abraham tamez

Abraham Tamez es el epicentro de lo que está pasando en Los Cabos. Nunca escucharán que él lo dice. Su humildad y reconocimiento por enormes talentos que están en este lugar no son falsas banderas, sino auténticas muestras de admiración. Al final, aquí están Guillermo Gómez, Gerardo Rivera, Alberto Collarte, Alfonso Cadena, Paolo Della Corte, Angel Cabrera, Emanuele Olivero, Xavier Salomon, César Pita, Ivan Mucharraz y muchos otros nombres que hoy se me escapan y que, además, harían esta lista enorme y cansada. Pero Abraham es la fuerza de una nueva generación de cocineros que está uniendo esfuerzos para levantar la importancia culinaria de Los Cabos y hacer que todos volteen a ver lo que acá se hace. A él no le interesan los reflectores, flashes de fotografía y portadas de revista. Lo que lo mueve son las ganas de compartir todo lo bueno que está pasando acá en tantas cocinas distintas.

«Somos un destino gastronómico. Y es hora de que se hable mucho de ello», me dice apasionado mientras revisa cuidadosamente que la receta de pastor de King Club, lugar que está por inaugurar el día del Super Tazón, quede en el punto que él exige. «Tenemos mucho en Los Cabos y mucha gente», asegura mientras empieza a hacer un recuento de los que, para él, son los diez mejores ejemplos de ese argumento.

abraham tamez

Escuchar sobre él es aprender sobre lo que hizo durante la pandemia, que va desde montar un mercado de productos locales no como un negocio de voracidad económica sino como un espacio de apoyo a productores y creadores locales, generar un espacio de esparcimiento en el que se dio espacio a la cultura y al cine al aire libre, impulsar la cocina de colegas y proyectos de reconocimiento para la cocina de Baja Sur o, incluso, luchar por la realización de un festival que permitiera mantener a Baja Sur en el escenario culinario del mercado que frecuenta el destino y más allá.

Abraham es de esos cocineros que rompieron el molde y no sólo se volvieron cocineros. Abraham se ha vuelto alguien que une. No desde la perspectiva romántica de la cocina como un acto de comunión, sino en el sentido más literal de las cosas. Descubrí a un cocinero que está buscando por todas las vías extender sus redes para tocar a todos cuantos le sea posible y ayudar a que el camino que tenemos que recorrer sea un poquito más fácil y un poco menos solitario. Su verdadera pasión está más allá de los fogones, de esos comales y hornos apenas montados con los que comenzó Metate en un terreno vacío que fue llenando con reciclaje más por un asunto de necesidad que por una declaración hipster de sustentabilidad. La pasión de Abraham, descubro, está en vincular a la gente para que llegue lo más lejos que pueda. Él sabe que el camino que recorrió no fue nada facil y está dispuesto a que a quienes él quiere encuentren un camino un poco menos rocoso y complicado. ¿A cuántos quiere? Eso está por verse todavía, porque al parecer su cariño no encuentra límite todavía.

Ver a Abraham y juzgarlo sin conocerlo es caer en el juego de creer que la rebeldía lo es todo. Pero más allá de las rastas y la profundidad de su voz, lo que en verdad tiene el Chef Tamez es una pasión por buscar la felicidad no sólo propia, sino de quienes lo rodean. «Llegué a tener momentos de estrés en los que hasta se me caía el cabello. Y después entendí que la vida es más que estar así. La vida se trata de agradecer lo que te toca». Mateo, su hijo de 4 años cruza corriendo el espacio en el que estamos y se avienta en los brazos de su papá. «¿Qué quieres ser de grande, Mateo?», le pregunta. Mateo, con la risa natural de un niño, responde desenfrenado: «Chef. Pero no sólo rockstar. Quiero cocinar», y se va de regreso a donde estaba, dejándonos con una carcajada en proceso.

abraham tamez
Foto: Instagram @cheftamez
mateo
Foto: Instagram @cheftamez

Me falta mucho por descubrir de la cocina de Abraham Tamez. En este viaje apenas tuve la suerte de aventarme el menú entero de la nueva taquería y probar un poco de la colaboración que hizo con Emanuele Olivero en el brunch de La Deriva, en el hotel Solaz. Espero pronto estar probando algunas de las cosas de nuevos proyectos que, ni siquiera off the record, quiso contarnos todavía. Sentado en una mesa en Metate, recordé la respuesta de Mateo horas antes mientras terminábamos de aplaudir el sabor logrado en los tacos y salsas de King Club. Dicen que cuando somos niños queremos convertirnos en quienes son nuestros héroes. No le pregunté a Mateo qué piensa de su papá. Pero sé que a sus cuatro años quiere convertirse en cocinero. Quiere también ser rockstar. Y me queda claro que su papá es una y otra cosa al mismo tiempo. Así que no es difícil imaginar con una enorme certeza quién se dibuja en su mente cuando le preguntas sobre su héroe.

no olvides seguirnos y suscribirte a nuestras redes sociales

No te pierdas de esto

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.