logo
La Europea
One & Only, The hamburger Club

The Hamburger Club, deje la culpa en la puerta

Por Carlos Dragonne @carlosdragonne

No todo en la vida debe ser restaurantes fancies o llenos de novelle cuisine en sus menús. Tampoco debe ser una máxime en la vida que la cava del lugar a donde lleguemos a saciar nuestras necesidades alimenticias tenga, como mínimo, 30 etiquetas diferentes internacionales e igual número de vinos mexicanos. Hay días en que el paladar exige algo más relajado, más de acceso inmediato y de sabores completamente familiares, aunque con ese twist de una cocina inteligente. Así fue como, siguiendo un antojo de varios días, terminamos en The Hamburger Club.

Primera advertencia: si bien la carta ofrece opciones para quienes gustan de cuidar la línea o, incluso, para vegetarianos -nos cuentan que su Veggie Burger es una delicia- este lugar es de esos en donde, al entrar, uno debe dejar fuera la dieta y la culpa para poder disfrutar en su totalidad lo que está por probar.

Decorado muy al estilo de los restaurantes steampunk, con metal y líneas muy duras en sus trazos, el espacio ofrece, sin embargo, una comodidad que otros lugares desearían tener y, sobretodo, una atención de primera línea, cosa que cada día escasea más y que se agradece en cualquier tipo de restaurante, más aún en lugares como éste en donde la experiencia se centra, fundamentalmente, en lo que la mesa recibe y no en cómo se lo traen a uno.

El lugar es nuevo y deja muy en claro que su mercado principal son los jóvenes de la zona de Santa Fe y quienes se quieran aventurar a subir al poniente del DF. Incluso es una declaración en su carta al manejar el concepto de paquetes de hamburguesas con barra libre de ron, vodka y tequila. Si a eso agregamos que hay días con música rock en vivo, pues es un hecho evidente el mercado al que va dirigido. Sin embargo, esto no lo exenta de ser un lugar familiar en otros días de la semana. Domingo, por ejemplo, está lleno de familias con todas las generaciones que van con la idea de ordenar desde una simple ensalada hasta una de sus llamadas Signature Burgers.

Las entradas que nos tocó probar en esta ocasión fueron varias, en aras no de atascarnos sin nivel de remordimiento, sino de informarles cabalmente de lo que pueden ordenar -sí, claro… dirán ustedes. Nos declaramos culpables de ello-. Arrancamos con unas Go With a Smile, un platillo de piernitas de pollo adobadas al más puro estilo de las alitas tradicionales. Después, llegaron a la mesa unos Queen Rings que se presumen en la carta como “Los mejores aros de cebolla del mundo“. Ante declaraciones tan fuertes, había que poner a prueba el paladar y calificar tan valiente autonombramiento. No se si me atrevería a decirles que están en lo correcto, pero sin duda podría poner este platillo entre los 5 mejores aros de cebolla que he probado en el último año. De ahí, las Pappoyas, unas papas servidas con mayonesa ranch y empanizadas, de corte delgado para poder disfrutar en pequeñas rebanadas.

Aros de cebolla, The Hamburger Club
Aros de cebolla, The Hamburger Club

A partir de ahí, era momento de darle gusto al antojo y entrarle de lleno a las hamburguesas. Llegaron dos a la mesa. Éramos dos, no empiecen a acusarme de gula o excesivo, aunque después de las entradas, tienen todo el derecho de soltar tal alegato y no podré defenderme de ninguna manera.

Primero, la original de la casa. Pedir esta es una obligación para comenzar el recorrido, mismo que nos llevará varios días. Y es que más allá de los abusos gastronómicos -de los que se irán dando cuenta en unos momentos-, es importante descubrir este platillo pues es, según su menú, la carta de presentación más importante y la que, por definición, se convierte en la base para jugar con otros ingredientes e ir creando otras hamburguesas para el deleite del comensal.

Hay tres reglas que sigo cuando como hamburguesas y las juzgo. Primero: la carne debe estar jugosa. No hay cosa más desagradable que una hamburguesa seca que se convierte casi en plasta en la boca tras dos o tres mordidas y termina por convertir la hamburguesa en desperdicio pues no hay forma que pase de la mitad. Dos: una hamburguesa debe poder comerse sin agregarle un solo condimento o aderezo que no haya sido incluido por el cocinero de manera natural. Básicamente, es el adagio norteamericano que reza If it ain’t broken, don’t fix it. Y, por último, una buena hamburguesa, cuando llega a la mesa y las manos están listas para tomarla, debe causar la duda de por dónde comenzar.

En The Hamburger Club, las tres reglas se cumplen a cabalidad. En su One and Only, la última regla apenas logra su cometido, pero cuando llegó a la mesa la segunda hamburguesa, cualquier cosa se perdona. Haciéndole honor a nuestro nombre y misión, no pude hacerme a un lado de la tentación de ordenar la Mexican Ruster. 250 grs. de carne de res servidas en pan rústico con queso, guacamole, cebolla morada y un huevo frito. Sí… un huevo frito en la hamburguesa. Aquí es donde el momento de no saber dónde empezar se sublima y se vuelve mágico. Poco podría decirles del sabor de tan rica -en toda la extensión de la palabra- hamburguesa, pero puedo comentarles que ha sido de las experiencias gastronómicas que más he disfrutado en los últimos meses. Si a eso, rompiendo la segunda regla tras varios bocados, le agregamos un poco de los chiles toreados servidos en salsa negra, el baile de sabores se intensifica al punto de la sonrisa involuntaria e imborrable.

Mexican Ruster, The Hamburger Club
Mexican Ruster, The Hamburger Club

Los postres y malteadas se leen en el menú exquisitos. La realidad es que ya no había espacio para pedir nada, aunque aún nos dimos a la tarea titánica de entrarle con gusto a un pastel de elote servido con helado de vainilla que funge como un gran cierre de comida acompañado de un café de buena presencia, aunque no extraordinario, siendo el café uno de los puntos que podrían mejorar.

Y aquí entramos en esos detalles perfectibles que en The Hamburger Club harían bien en revisar y corregir. Primero: el café puede ser de mejor calidad e, incluso, podrían impulsar el consumo de un café mexicano de mayor personalidad. Y, segundo punto para corregir es el de las cervezas. La carta que ofrecen de comida exige, para los paladares de todos, una variedad de cervezas nacionales artesanales e internacionales, elemento que ha sido un éxito en otros restaurantes de concepto norteamericano similar. Aquí, la carta de cervezas se limita a la gama básica de Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, sin ni siquiera ofrecer la línea más importante de Bohemia, por ejemplo. No les haría mal acercarse a distribuidores de cervezas artesanales nacionales e internacionales para ampliar su carta pues la hamburguesa que yo me comí me hubiera gustado acompañarla con una buena Minerva Imperial Stout o, ya siendo muy exigente, una Mikkeler. Vaya, hasta una St. Peters Cream Stout hubiera hecho de la experiencia una comida perfecta.

Así fue nuestra búsqueda de un antojo de esos que no se van de la mente hasta que se cumplen. Porque una hamburguesa debe tener los elementos que la hagan distinguirse del resto de lugares que las ofrecen en sus menús y, la verdad, es que la interpretación clásica americana de este platillo nacido formalmente en Alemania en el siglo XIX, tras haber tenido muchas versiones anteriores que se van hasta el imperio romano, ya está obsoleta y, con suerte, en camino hacia el olvido. Hoy hay lugares que buscan ese giro personal para tan importante platillo de la comida popular a nivel mundial.

Y sí… regresaremos con gusto a The Hamburger Club. Quizá no lo hagamos para superar el reto que lanzan a sus comensales de comerse en 3 horas una hamburguesa llamada I Don’t Give A Damn (o, traducido, No me importa) de 2.5kg de carne con queso cheddar, cebolla y jitomate. Pero, sin duda, regresaremos a recorrer esa carta de hamburguesas hasta poder tener, con seguridad, una favorita que nos permita dejar, de vez en cuando, la culpa en la puerta y la gula en la mesa.

Javier Barros Sierra 540
 Col. Santa Fe
Tel. 5292 6888 / 5292 6080 / 5292 6040

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

Check Also

ropa vieja

Receta. Vámonos a Cuba con Ropa Vieja

Este platillo no nos es tan ajeno. En México tenemos algo parecido y, además, lo …

2 comments

  1. La de Atún y la que tiene chorizo argentino y chimichurri las mejores , sin dejar la que tiene aros de cebolla !!!!!! jaja delicioso lugar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*