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The Broadmoor

The Broadmoor. Los sabores de 99 años de grandeza.

Por: Carlos Dragonné

Amanece en Colorado Springs y el sol apenas ilumina el lago construido que divide las torres de habitaciones en el hotel. La neblina ha cedido el paso a los rayos que nos recuerdan que se tienen muchas cosas por hacer y que, antes que cualquier otra cosa, lo que se necesita es desayunar. Apenas una noche antes nos llevaron por un recorrido culinario de Italia con sabores auténticos y un cuidado por los ingredientes y las recetas que me dejaron flotando y agradeciendo la suerte de estos viajes comandados por el cocinero que domina su arte. Es hora de respirar nuevos aromas. Es hora de abrir los ojos y comenzar a entender la grandeza del lugar en el que estamos. Bienvenidos a Colorado Springs. Bienvenidos a The Broadmoor.

The Broadmoor

Despierto en una habitación en la que podría olvidar que tengo pertenencia en otras tierras si me prometen que puedo abrir los ojos aquí todos los días. Como comedia romántica blanca de los años 50, abro las cortinas para ver el sol pegar de frente en la montaña y recordarme que hoy es un día de aventura distinto. El aroma del café recién hecho ya está en toda la habitación, volteo y junto a la cafetera la veo a ella, esa cómplice de viajes y otras tantas cosas que hoy me ganó la carrera al despertador. Su mirada lo dice todo: hay mucho por descubrir en una propiedad que se levanta soberbia desde hace 99 años en esta ciudad.

Las mesas son para compartirlas con gente querida y esta mañana mientras llenaba las fuerzas con un café, un croissant, tocino y un bagel en Lake Terrace, platico con Cassidy Boone sobre las historias y las anécdotas del lugar y lo que se puede vivir buscando una experiencia entera no sólo en The Broadmoor sino en las propiedades alternas como Fly Fishing Camp y The Ranch at Emerald Valley. Cassidy nos hace reír, nos guía por la historia del hotel, nos cuenta sus experiencias personales en viajes anteriores y encierra todo en una frase que hemos repetido nosotros desde que llegamos: cada vez que se llega aquí es como un sueño. Me queda clarísimo, en ese momento, que acabamos de ganar una nueva amiga con quien compartir historias. Hoy serán unos días en Colorado Springs, pero me imagino que haremos lo que sea por compartir en nuevas tierras.

Y es que para viajar necesitas abrir la mente y los ojos a las oportunidades de aprendizaje que te plantean nuevos territorios, ciudades y lugares distintos, culturas y actividades que no tienes de manera normal. Viajar es, como siempre lo hemos dicho, la mejor forma de aprender y crecer. No existe manera posible de ser alguien sin crecimiento y, desde mi punto de vista, no existe crecimiento sin la distancia del hogar, sin los viajes que te llenen la mente de millas recorridas pero, sobretodo, de millas por recorrer.

Cuando iba creciendo, una de las imágenes que tenía en mente era Tom Skeritt y Brad Pitt en una película que se llama A River Runs Through It en la que una parte importante del desarrollo de los personajes son los momentos en el río de Montana, haciendo pesca de mosca. Ahí y por ello se crean los conflictos. Pero también ahí se dan las resoluciones y redenciones. Por ello siempre tuve este romanticismo con la idea de pescar en medio del río. Si bien en esta ocasión no pude hacerlo porque, como les comentaba, para eso está Fly Fishing Camp, en The Broadmoor sí hay una actividad para aprender a hacer esto, a pescar trucha con mosca, por lo que esa sería mi primera parada en el día.

Aquí es que conozco parte de lo que ofrece el hotel a sus huéspedes, dependiendo del tipo de viajero que sean, pues en medio de la naturaleza es necesarísimo ofrecer una serie de actividades al aire libre que van desde ciclismo de montaña hasta cetrería, si lo suyo es el contacto fuera. Ahora que si lo que quieren es aprovechar el lujo del resort, hay dos campos de golf con diseños extraordinarios, uno de los cuales recibirá el US Senior Open el próximo año para arrancar los festejos del centenario de The Broadmoor. O bien, una carrera dando un par de vueltas al lago para después meterse al spa, relajar el cuerpo con un masaje o un tratamiento de belleza y, después, caer en la indulgencia de los distintos lugares.

Quiero detenerme un poco en esto, porque uno de los grandes retos de propiedades de este tamaño es el mantener una calidad constante en todas las salidas del área gastronómica. Pero si a eso agregamos lo que parecería un capricho -uno más, dentro del legado de excentricidades en The Broadmoor convertidas en metas y filosofía de Spencer Penrose- en cuanto a los lugares. ¿Cuántas veces les he dicho que el pan de los restaurantes es la primera muestra del cuidado en la cocina? Bueno, cada uno de los restaurantes que tiene esta magnífica propiedad tiene un tipo distinto de panadería que vaya acorde al concepto culinario. Ya sea la herencia profundamente italiana de Ristorante del Lago o el concepto de steakhouse de La Taverne, cualquier mesa que escojan para cerrar su noche o arrancar su tarde les dará una forma distinta de bienvenida a través de este elemento a veces olvidado pero siempre importante de la experiencia de llegada.

Entonces, ¿cuál es el mejor lugar de todos los que se disfrutan en The Broadmoor? La respuesta a esto puede ser casi tan complicada como juntar las fuerzas para hacer la maleta y salir de la propiedad para regresar a la vida normal. Por un lado, Ristorante del Lago ha sido una experiencia extraordinaria tanto en la cena como en el desayuno. El ingrediente perfecto y traído en su totalidad de Italia que termina transformado en una pasta que te enamora con la sencillez de una pasta cocinada a la perfección o un risotto que hace que hasta el más escéptico se devore. Además, un desayuno que puede incluir una Fritatta al gusto cocinada al horno de piedra es casi insuperable o una selección de carnes frías y quesos de diversas regiones italianas es también un candidato a ganador del viaje.

Sin embargo, tendríamos que poner un sistema de calificación y aquí caeríamos víctimas de la confusión permanente entre lo ya descrito y, por ejemplo, una cena en La Taverne que tiene que empezar con un coctel insignia del hotel para hacer espacio para lo que es, sin duda, una de las invasiones de proteína más interesantes de nuestros viajes. La Taverne te agasaja con una barra de mariscos impresionante donde todo el producto es sustentable y un menú de cortes USDA Prime de granjas locales cocinados en un punto de perfección que se alcanza tras muchos años de estar detrás de una parrilla.

Entonces, justo cuando quiero pensar en un triunfador, recuerdo la malteada sabor Pastel con bourbon que disfruté mientras el reto por el control remoto que les contaba en un artículo anterior sucedía en las pistas de boliche de Play at The Broadmoor y esos Nachos con Salsa Blanca de Queso y la Hamburguesa de Búfalo que le siguió en Restaurant 1858 en Seven Falls y me confieso inútil para decidir, completamente superado por los sabores de varios días en un hotel que, insisto, es toda una experiencia de las que te deja huella en el pasaporte de los recuerdos.

Llego entonces al cuarto. De noche y agotado de recorridos y cenas, con el estómago adolorido por la cantidad de carcajadas, con los aromas de todo el día cruzándome la memoria y los pies queriendo seguir andando por los rincones de una propiedad que no deja de enamorarme. Ella, cómplice de todo, se acuesta y se acomoda en la cama de frente a mi. Me tardo un poco en ponerme la pijama y atravesar la habitación para unirme a ella. Entonces, cuando llego, ella duerme plácidamente, con una sonrisa que define el por qué hacemos esto y los sueños que vamos cumpliendo. Le acaricio el cabello y apenas paso mis dedos por su rostro. La cubro con la cobija y muy discretamente me vuelvo a poner los jeans y los zapatos para recorrer la propiedad, ahora de noche, mientras todos duermen. ¿Insomnio? No… es sólo esta necesidad de absorber lo más que se pueda de los 99 años de grandeza que acabo de disfrutar en espera de dormir junto a ella con una sonrisa como la que ella tiene y con la que ilumina la noche en The Broadmoor.

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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