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Mía Domenicca, sabroso y encantador espacio en la Roma

Por Elsie Méndez @sabormexico

“Otra vez la Roma, otra vez la misma zona, pareciera no existe otro lugar en esta gran ciudad para poner un nuevo restaurante” – Así mi pensamiento cuando me dicen que nos reunamos en lo que se ha convertido el nuevo hot spot gastronómico de la zona. Mis expectativas son altas, no por querer poner al cocinero al frente en problemas con mis deseos o antojos creyéndome poseedora de la absoluta verdad sobre lo que es bueno o malo de un sitio, al contrario, pero pienso de nuevo, ¿qué puede traer a la mesa que supere a los que lo han estado haciendo muy bien que, además, marque la diferencia y valga la pena la vuelta hasta la Roma? Y pues sí, Mía Domenicca trae mucho -más de lo que hubiera imaginado- y la imagen del personaje creado alrededor del nombre que reflejara la cocina y el ambiente del lugar quedo como anillo al dedo. Mía Domenicca es amable, es sabroso y tan encantador que cuesta trabajo levantarse y continuar con la rutina.

La decoración del lugar es acogedora y te hace sentir bienvenido. Soy la primera en llegar así que tengo el derecho de seleccionar dónde me apetece más pasar las próximas tres horas que tengo planeadas para esta comida (al final fueron cuatro y les digo que costó trabajo salir de ahí). Si bien todo se ve muy lindo con esas paredes de ladrillo expuesto y muebles de madera y flores, la luz brillante es algo que aprecio y me cautiva cuando voy a comer, porque, me parece, le pone una nota alegre y feliz al momento que uno dispone para este compartir de alimentos, bebidas y buena charla; me dirijo a la terraza y selecciono ahí la mesa que creo es la más grata. 

Diego Patrón se presenta como uno de los socios del lugar y la mente maestra detrás de Mía Domenicca. Lo invito a sentarse mientras llega el resto de mis acompañantes para que me cuente más sobre ese sueño que replicó a la perfección en esta hermosa casona en la calle Durango, en la Roma. Cada rincón, cada color, cada pieza vivió en la mente de Diego hasta que finalmente la plasmó y la convirtió en una realidad. “Yo pensaba en Mía Domenicca como una mujer feliz de cocinar para sus amigos a quienes siempre recibe con mucha alegría, y poder compartir sus platillos de cada día”. Y el nombre también tiene relación con la cocina que marca la inspiración de los platillos, la mediterránea. De eso hablaré más adelante porque antes llegaron los cocteles que me parecieron un punto más que anotar sobre el lugar porque su propuesta es variada sin caer en una lista demasiado larga. Me decido por uno de ellos mientras seguimos charlando.

La vida los juntó para que Mía Domenicca tuviera esos platillos que a Diego se le venían a la cabeza y los quería sobre las mesas… me refiero a Lucio Martínez, mejor conocido como Lucho, un joven cocinero con una muy buena sazón en los genes y técnicas muy bien aprendidas de la cocina francesa, además de la habilidad que la experiencia le ha dado para sacar lo mejor de cada ingrediente que le ponen enfrente. Porque, podría sonar sencillo el decir que su cocina se basa en el ingrediente fresco que recibe día a día del mercado y decidir cómo cocinarlo para que éste luzca al máximo, con la destreza de integrar texturas y sabores que añadan complicidad al plato, pero créanme… hay quienes ni un huevo frito les sale bien. Ahora imaginen si es pochado. 

Partiendo del punto de que su cocina se basa en los ingredientes y depende de lo que le llegue de lugares tan remotos como Ensenada o tan cercanos como las setas que se cultivan a sólo unas cuadras de Mía Domenicca, puedo contarles de todo el menú que tuve oportunidad de probar, pero como no tengo la certeza de que cuando vayan haya ese platillo en el menú, no quiero crear expectativas por las que luego recibamos reclamos el chef y una servidora. Ahora bien, lo que sí puedo es ponerles ejemplos de cómo Lucho y Diego son capaces de conquistar a todo aquel que cruza la puerta con esos aromas y sabores que emanan de sus platillos, con las texturas y fusiones que logran que uno tome un pedazo de pan y limpie el plato de hasta la última gota.

Es cierto todo lo que hayan leído antes sobre las fabulosas y espléndidas formas en las que Lucho cocina las setas, es la pura verdad. A nosotros nos tocaron rosas con jugo de hongos, además de bellas, deliciosas, demostrando el buen manejo de fondos que ya se veían venir cuando, entre las virtudes del chef es el manejo de las técnicas francesas para cocinar, y ésta siempre incluye esas salsas que dan vida a todo, especialmente cuando son con base de mantequilla, ¡uff! que hambre… y yo escribiendo. 

El siguiente fue un plato con un hermoso y perfectamente cocinado huevo poché, con una salsa pomodoro, ejote francés y prosciutto. Mientras tomaba la foto del tercer plato, en la mesa contigua mis queridas compañeras le metieron el tenedor al plato y, si no volteo a tiempo, pude haberme quedado sólo con las ganas de probarlo. Pero las entiendo; es irresistible tener un platillo tan goloso en frente que dice “cómeme” y no probarlo y sólo estarlo viendo por la prudencia de esperar a la que toma las fotos sin parar. Aquí comenzó mi conquista y romance con los platos de Lucho porque, debo confesar que a mi no me gusta el huevo pochado, ni estrellado, ni en ninguna forma que no sea revuelto. El tema de la yema es algo con lo que sigo luchando, porque no sé en qué fregado momento mi cerebro tuvo la gran idea de que no tenía ni la textura ni el sabor que solía agradarme. Y claro que metí la mano con un pedazo de pan y lo llené de esa combinación que ya mis amigas habían hecho con el huevo, la salsa, los ejotes y el prosciutto. 

Como les digo, muchos de sus productos vienen de fuera de la ciudad, como la burrata que presentan con frutos como el durazno y tomatillos (bueno, al menos así me tocó a mí, veremos qué hay cuando ustedes vayan). Su burrata llega desde San Miguel de Allende y es una de las más ricas que he tenido la suerte de probar en México.

Muchas verduras, eso me gusta, sus platillos son abundantes pero no pesados, nos deja espacio para algo más, especialmente si es compartido. Y si el huevo le queda así a Lucho, imaginen los pescados con la pesca del día y la carne como el short rib, con esos fondos de los que ya les he hablado. 

Mi amor total a la cocina de Lucho llegó en forma de arroz negro con pulpo, chistorra, y un huevo poché con alioli del que simplemente no pude separarme hasta ver el fondo del plato, y hay que ver dos cosas aquí, el tema del huevo y que es un plato que se recomienda para compartir, y se entiende por qué, pero les juro no había forma de detener mi mano que iba una y otra vez en dirección al plato del arroz para tomar un bocado más y otro y otro… fue sensacional.

Afortunadamente el postre fue ligero con una panacota de lavanda y fresas. Fresco, ligero, con el nivel de dulce perfecto para un final feliz.

Diego y Lucho dicen que su cocina está inspirada en la mediterránea -yo creo que por esta idea de Diego que se dirige más a lo italiano, que incluso se refleja en la decoración de la casa, basada en una villa de campo Toscana- pero, en mi muy humilde opinión, Mía Domenicca es una cocina de autor, inspirada en el día a día de un cocinero que se encuentra con el producto y, sacando lo mejor de su memoria gustativa, va uniendo las partes hasta crear algo que, sí, tal vez vio en algún lugar, o probó en algún otro, o escuchó más allá. El enorme talento de esta dupla demostró que si tenían algo nuevo que aportar a la vasta oferta culinaria de la zona, y merecen una y más visitas.

Mía Domenicca

Calle de Durango 279, Roma Nte., 06700 Ciudad de México, CDMX
01 55 9130 8456

About Elsie Mendez Enriquez

Yo me llamaría una “comedora profesional”, hedonista y seguidora fiel de Los Sabores de México no solo en nuestro país, también en otros rincones del mundo donde nuestra cocina tiene un espacio. Viajera y trotamundos siempre en busca de sabores, aromas y colores de otras culturas y países, como representante del educado paladar de mexicanos, y compartirlo en su blog y redes sociales con el afán de conocer mas del mundo de la gastronomía.

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