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Mi mero mole: Tequilería El Agave

Mi primera experiencia con el tequila fue a finales de los ochenta con unas amistades americanas en Tijuana. Fue un trauma aterrador: se aparecieron varios meseros, uno sonando un pito como si fuera carnaval, otro con la botella de tequila, un tercero llega por atrás, le abre la boca a mi amiga, le echan el tequila, le tapan la boca, levantan su silla y la zarandean mientras el pito no para de sonar.

Tequilería El Agave, San Diego
Tequilería El Agave, San Diego

Me quedé boquiabierta, y tremendamente impactada: me pareció un acto violento y nada simpático, pero mi amiga estaba feliz como una lombriz –ya lo había hecho anteriormente, y para eso me habían invitado. Entusiasmados se voltearon todos a verme y les dije… les advertí: que si alguien me ponía un dedo encima, iba a poner un grito en el cielo y se regresarían a San Diego a pie ya que yo había manejado.

Por años esa era la impresión principal que tenía del tequila (sí lo sé: la ignorancia es atrevida.) La otra impresión era del tequila barato (que sabe a rayos) que les encanta tomar a los jóvenes universitarios para ponerse hasta las chanclas y luego quejarse de lo horrible que es el tequila.

No fue hasta que conocí a mi ex-marido en el 2002 (el Innombrable: que era -y supongo que sigue siendo- un antropólogo gringo) que aprendí a apreciar esta bebida y a verla completamente diferente. Su  papá es un experto en vinos y creo que el que me quitaba el sueño en ese entonces se fue por la ruta del tequila para hacer algo diferente a su padre.

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Todos hemos ido a las taquerías en San Diego: hay una casi en cada esquina (me encanta que tantas tengan nombres que terminan en –ertos: Adalbertos, Albertos, Rigobertos, Gualbertos, Humbertos, Mamertos etc. –y todas sus combinaciones imaginables, y estén pintadas de amarillo y rojo.)  He ido a restaurantes finos, de alta cocina en diferentes partes de la ciudad, pero a través de los años El Agave sigue siendo mi  rey – para gustos los colores.

En mi experiencia, El Agave es el único lugar donde sé que puedo llevar a una infinidad de personas con gustos diferentes y todos quedan encantados. Y aunque todas y cada una de mis amistades mexicanas me dice que la mejor comida es la que prepara su mamá, todos han tenido una buena experiencia aquí, y han regresado conmigo y sin mí.

El Agave  fue inaugurado hace dieciséis años por el Señor Juan Carlos Gómez, su familia también tiene un restaurante en la Ciudad de México, El Portal de Cartagena en la Colonia Roma.  El Agave está localizado en las afueritas de Old Town –un área turística donde te presentan un México tipo Disneylandia (reconozco que nunca he ido, pero si hubiera una versión de México allí, me imagino que sería como Old Town, un lugar popular con un sinfín de restaurantes mexicanos que ofrecen todas las cosas a los que los americanos están acostumbrados.)

Sopa de flor de calabaza
Sopa de flor de calabaza

El Agave cuenta con una de las mejores selecciones de tequilas (más de mil), una sopa de cilantro fabulosa y sobre todo un servicio excelente –la razón por la cual siempre regreso. Aunque llevo media vida en los Estados Unidos, una de las cosas más molestas es la forma en que los meseros se la pasan molestándolo a uno cada cinco minutos, en vez de dejarnos comer y conversar tranquilamente con nuestros amigos -entiendo que son diferencias culturales. Si necesito ayuda o quiero algo, lo puedo pedir. En El Agave siempre he encontrado un equilibrio, son atentos sin interrumpir o importunar.

El ambiente es informal, elegante, y acogedor; para la hora del almuerzo ves desde ejecutivos en traje que trabajan en el área,  a turistas en pantalones cortos. En las noches veraneras en su terraza techada se puede  admirar los fuegos artificiales de Sea World (y esto es lo más cerca que quiero estar a ese lugar.)

Al Agave llevo a todas las visitas, voy  con mis estudiantes cuando se portan bien, a celebrar o a ahogar las penas. Para mí es el sitio ideal para pasar toda una tarde conviviendo, comiendo, probando tequilas con amigos en un ambiente placentero y agradable. De hecho es un lugar donde una mujer puede ir sola, sentarse en la barra, comer y probar tequilas sin sentirse incómoda, y siempre se disfruta de una buena plática.

Entremeses surtidos
Entremeses surtidos

Su comida no es para todo el mundo, en el Agave no conocen el queso amarillo ni de lejos, tampoco van a encontrar los populares nachos, burritos, y otras delicias de la cocina Tex-Mex. No es un lugar barato, pero tampoco súper caro; y como les digo a mis alumnos: ahórrense el dinero que se gastan en Starbucks por una semana y coman algo rico, diferente, y de buena calidad.

Sus entremeses surtidos son una buena opción como entrada o plato principal acompañados por una sopa o ensalada. El plato (del cual pueden compartir hasta 4 personas) incluye empanadas de camarón y  cangrejo, quesadillas -con manchego mexicano-, de champiñones, y de chile poblano, guacamole, flautas con papas y chorizo, tacos de res (fenomenales), sopes con cochinita pibil, con camarón en chipotle, con huitlacoche (o cuitlacoche.) Ahí fue la primera vez donde probé la famosa trufa mexicana -como le dicen los más elegantes.

Y como a veces no me siento muy amiga de los mariscos, les pido que me los cambien por otra cosa y siempre han sido muy complacientes. Para los que dicen que no les gusta la ensalada de nopal, es porque no han probado la que sirven aquí con jitomate, cilantro, cebolla, aguacate y aceite de oliva -tan buena como la que hace mi amiga Anabel.

Ensalada de nopal
Ensalada de nopal

Hay mariscos y pescados – y viendo el menú, suenan interesantes:  camarones con achiote, champiñones, nopales y chile guajillo, róbalo en salsa de chile pasilla con plátano macho (que como buena panameña podría comerlo todos los días). Nunca los he probado, pero a ver si este año sí cumplo, y me hago amiga de estos seres marinos.

Uno de los platos que me encantó y fue recomendado por los que allí trabajan es el filete mignon al chipotle servido sobre una tortilla, bañado en queso manchego, acompañado por papas y verduras. Y aunque no soy fan del queso derretido en mi comida, en este platillo es el complemento perfecto para el sabor ahumado y picante del chile.

Otras opciones para los que les gusta comer carne son: chuleta de puerco en achiote con chile de árbol, salsa de tuna (la fruta del nopal) y mescal, costilla de cordero a la jamaica con chile ancho y arroz con cuitlacoche, o pierna de cerdo en pistache por mencionar algunas.

Trilogía de moles: rojo, verde, y amarillo
Trilogía de moles: rojo, verde, y amarillo

Pero tarde o temprano lo que hay que comer aquí son los moles y probar los tequilas. Tienen un chef exclusivamente para los moles, y el favorito de todos es el poblano, y si no tienen ni idea de qué pedir, esto es  lo que les recomiendo – lo sirven con pollo o con puerco y la palabra delicioso le queda corta- aunque el mole negro oaxaqueño (que también lo sirven con pechuga de pato) se defiende bastante bien.

También nos ofrecen el mole rojo (con pasillas, anchos y guajillos), el rosa (nueces y chipotle), el coloradito (guajillos, chocolate, y ajonjolí) el verde (tomatillos, epazote y serranos),  el amarillo (con chile guajillo), pipián (pepitas de calabaza), y el de natas (chiles guajillos y puya –una receta del siglo XIX).

Y si quieren probar algo diferente aviéntense las enchiladas de pato en mole de ciruela pasas, con tajadas de plátano macho,  nueces y frutas encima –increíbles.

Mole poblano
Mole poblano

Para tequilear, este es uno de los mejores lugares para hacerlo, sin duda me podría pasar toda la tarde leyendo y tomando la sangrita (condimentada con chamoy) que sirven con el tequila. Entre los tequilas que podemos disfrutar se encuentran los de la casa: El Agave Artesanal,  elaborado en Los Altos de Jalisco. Para los que nos gusta un tequila delicado, su extra añejo es muy amistoso, te cosquillea los labios, te coquetea con sabores amaderados; y su aroma me recuerda a la vainilla y al cacahuate.

Y lo mejor de todo es que no me tengo que preocupar por mis viejos traumas aterradores, o de que Alberto y los otros meseros nos armen un carnaval y nos zarandeen en nuestras sillas para que podamos apreciar el arte de tomar tequila.

¡Saludcita!

About Gugui Naters Amador

Amo a México, inspirada por San Pascual Bailón, pseudo-fotógrafa/poeta, pobresora rodeada de libros, traductora,runner, Eagle warrior

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6 comments

  1. Me dio hambre. Está muy descriptivo y las fotos te salieron bonitas.

  2. Anabella Nopalita

    Ir a El Agave es mi nueva tradicion, No puedo decir que estuve en San DIego, si no voy ahi! Y la proxima vez que vaya nos vamos y me das una catedra de los tequilas!! Yo tambien he tenido mala experiencia con el tequila; fue en Bar en Cancun, me llegaron por atras, un tipo bien musculoso, me sujeto y otro me tapo la nariz y me lleno la boca. El musculoso me cargo y me dio de vueltas, avento pa’arriba, me paro de cabeza…y me hizo dar marometas…fue un asalto,

    Asi que una buena terapia no me caeria mal 😉

  3. Estoy de acuerdo el Agave es el mejor restaurante de comida mexicana en San Diego desde que abrio sus puertas hace mas de 15 años, tiene una gran variedad de platillos gourmet que me atreveria a decir que no los encuentras en los restaurates de la ciudad de mexico y que decir de la impresionante variedad de tequilas que ofrecen, aunque yo en lo particular me considero fan del Agave Artesanal Reposado!!!

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