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Marriott Georgetown

Washington Marriott Georgetown: Unos días con otra perspectiva en DC.

Por: Carlos Dragonné

Llegué a Washington, DC ya entrada la noche. El vuelo que me llevó a la capital de Estados Unidos y una de las grandes insignias de la historia occidental llegó a Washington cuando las luces artificiales iluminaban ya los monumentos y edificios institucionales que durante tanto tiempo deseé conocer y observar en silencio, para absorber el significado onírico que construí después de años de leer a Ron Chernow, David McCollough, Robert Dallek y Joseph Ellis, entre otros, además de alimentarme con Oliver Stone, Aaron Sorkin, John Ford, David Griffith, Pakula y hasta Spielberg.

Washington

Sí… soy un amante de la historia que construyó al país vecino y las turbulencias que han sucedido para llegar a donde estamos actualmente. Por mi buró han pasado libros de y sobre Kennedy, Carter, Bush, Adams, Hamilton, Eisenhower, Truman y Roosevelt. Llegar de noche me pareció romántico y hasta bien planeado -aunque fue más azar que otra cosa- para observar en la distancia y en el recorrido al hotel la cúpula del Capitolio y el Monumento a Washington iluminados y solitarios, con esa fortaleza silenciosa que nace desde la mirada de ese Lincoln gigante que parece observar todo.

Y atravesé la ciudad y el río Potomac para llegar a Georgetown. Ahí sería la primera parada de mi viaje, dividido en dos y que aprovecharía no sólo para juntas de negocios con representantes de la industria turística, sino para conocer un Washington que ni siquiera esperaba, uno que me sorprendería y me llenaría de imágenes e ideas a futuro sobre lo que podemos superar y lo que habremos de dejar atrás. Pero eso es materia de otro texto.

Por ahora, me bajo del auto que me llevó desde el aeropuerto y entro a un lobby que nos deja en clara la reestructuración de las propiedades Marriott. Estoy en el Washington Marriott Georgetown y, como descubriría días más tarde, cada propiedad tiene su propio espíritu que se acomoda con cada zona.

Volviendo al hotel, tras hacer un extraordinariamente rápido trámite de registro, subo por los ascensores rumbo a mi habitación y reconfirmo que es del tipo de propiedades que me causan un par de conflictos cuando me hospedo en ellas. En primer lugar, las habitaciones son más grandes de lo que eran mis primeros departamentos y eso nunca dejará de sorprenderme.

Por otro lado, es una de esas habitaciones que te invitan a no moverte nunca, a no salir de ellas y ver pasar las cosas desde la ventana. Viaja brillantemente dice Marriott en su nueva campaña y hay que admitir que facilitan muchísimo el lograr eso.

Tras la primera impresión, decido bajar al lounge en el que ofrecen café y snacks las 24 horas, pues son casi las 2 de la mañana de mi primera noche y me encuentro con un poco de insomnio entre la ansiedad de comenzar a recorrer las calles de Washington y la enorme cantidad de trabajo que estoy terminando para poder disfrutar mis días en la ciudad sin interrupción, así que una última taza de café no me caería nada mal.

Si me tardé un poco más de 20 minutos en volver es culpa entera de ese lounge en el que “café” es apenas una de las decenas -sí, decenas- de opciones que se le presentan a uno en un ambiente automatizado como pocas veces me ha tocado ver en los hoteles donde me hospedo. Maquinas de café que ofrecen espresso, americano, latte, cappuccino, te, leche con chocolate, junto a maquinas expendedoras de agua mineral o una variedad de 8 vinos distintos y más de 15 cervezas artesanales que te ponen a pensar que, quizá, no tengas los días suficientes para poder vivir como se debe la experiencia.

Después de una cerveza y un par de botanas con chocolate -porque también hay comida, barras de cereal, yogurt, fruta, nueces y galletas, y esto es sólo en la noche, porque desde las 7 de la mañana el desayuno está listo-, terminé con un poco de culpa respecto a la cantidad de chocolate y regresé a terminar el trabajo pensando en despertar lo más temprano posible.

Washington Marriot Georgetown, cercano a Dupont Circle y a Foggy Bottom, en una de mis zonas favoritas de Washington, por su amplia variedad de librerías, cafeterías, lugares de encuentro y plática, de intercambio de ideas, de exaltación de, insisto, diversidad y pluralidad. Salir a caminar por la 22 y llegar a la zona de George Washington University es entender que hay futuro creándose apenas a unos metros de las oficinas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional… pero también del John F. Kennedy Center for the Performing Arts, uno de los edificios que entran a la lista de básicos para todos conocer en algún momento de su vida, por lo que significa, por lo que se vive dentro de sus salones, por lo que pasa en sus escenarios al aire libre, en donde todos los días hay alguna expresión artística gratuita para ser disfrutada.

Desperté temprano a la mañana siguiente para comenzar un viaje que cambiaría mi perspectiva de esta ciudad. Abrí los ojos en la habitación y recordé, de manera inmediata, mi chocolate de la noche anterior, por lo que bajé al gimnasio pensando en hacer un poco de cardio para arrancar con un poco de responsabilidad lo que, estaba seguro, serían unos días muy irresponsables en la ciudad.

Pequeño pero excelentemente equipado, lo que más me sorprendió del gimnasio del hotel es que se nota el cuidado y el interés por hacer de esto algo más que un simple estándar por cumplir en la lista de regulaciones hoteleras. Además del equipo tradicional -en perfecto estado de mantenimiento- descubrí una pantalla con contenido On Demand para realizar rutinas de ejercicio cardiovascular, fuerza o, incluso, clases de yoga y otras actividades que los más fit-junkies disfrutarán de manera más completa que este personaje con disciplina-según-cuanto-comí-en-la-semana.

Marriott me reconfirmó que lo más importante de viajar es escoger correctamente nuestra locación de hospedaje. Y es que durante los primeros días, dedicados a los monumentos clásicos y al disfrute de, justamente, Georgetown, la propiedad sobre la calle 22, cumplió de sobra las expectativas. Marriott ha logrado que el espíritu de la zona se sienta en los pasillos y las habitaciones, mimetizándose con lo que sucede alrededor para hacerse parte fundamental del vecindario y no un hotel que invade el escenario normal. Así me tocó salir a caminar por Dupont Circle y tomar una cerveza en un bar cercano al hotel, en los días previos al Capital Pride Parade, conmemoración anual de la lucha por la diversidad y los derechos de la comunidad LGBTQ, evento del que Marriott es un orgulloso patrocinador y que permite que mi orgullo por pertenecer a la marca crezca de manera exponencial.

Tras uno de los días emocionalmente más intensos de mi estancia en Washington -y del que les contaré en otro artículo-, sentarme en el lobby a hacer un recuento de las lecciones aprendidas, entendí que el concepto Travel Brilliantly va más allá de una habitación en la que podemos vivir sin el menor de los conflictos. Marriott está creando propiedades en las que el viajero vive a profundidad lo que las ciudades tienen por ofrecerle y está siendo parte no de un momento, sino de una experiencia completa. Ninguna marca ha sido más clara en entender que cada viaje te cambia la perspectiva y te alimenta el bagaje cultural para poder mirar nuevos horizontes que antes no teníamos muy claros.

Washington visto desde Smithsonian

Quizá por eso entiendo que lo que importa es innovar. Y, entonces, tras una copa de vino, unas notas garabateadas en mi diario de viaje -importante que lleven uno, les sorprenderá descubrir y redescubrir lo que son con cada aumento de millas- subí al cuarto y encendí el televisor. Entre TED y Netflix dejé que pasaran un par de horas mientras intentaba absorber la información de toda mi tarde y de estos días en Washington.

Esas horas fueron dando la bienvenida a la madrugada y me senté a empezar un texto sobre la nueva visión de una ciudad que va más allá de los monumentos y los museos. Porque, efectivamente, hay momentos de los viajes que te pueden servir para tener una nueva perspectiva de las ciudades que visitas y de las cosas que crees conocer. Y comencé mi texto como una crónica: “Llegué a Washington, DC ya entrada la noche…”

[Chequen disponibilidad y tarifas y aprovechen para hacer su reservación dando click aquí.]

[Nuestro primer texto sobre este viaje a Washington, DC. Léanlo dando click aquí.]

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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