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Ahí es donde se vivne las fantasías. (c) Foto: Carlos Dragonné

Magic Kingdom: Ser niño por siempre, una vez más…

Por: Carlos Dragonné

No les voy a mentir. Un viaje a Orlando para visitar Walt Disney World estaba en mi lista de pendientes desde hace muchos años. Y es que, a pesar de todo, siempre he hecho lo humanamente posible para mantener a mi niño interior casi intacto, pues es la fantasía y el gusto por los sueños lo que mantiene la llama viva del disfrute y la capacidad de sorprenderse. De ahí que siempre pueda disfrutar un platillo desconocido o descubrir un nuevo restaurante con la misma fascinación que lo hice la primera vez. Así que, un día, revisando ofertas de vuelos, me encontré una imposible de igualar en una aerolínea que no conocía y que terminó por convencerme de que era el momento adecuado. Ahora sólo faltaban los acompañantes. Y ahí es donde unos amigos entraron en escena para llevar a su hija de 7 años –una especie de sobrina por simple acumulación de cariño– y revivir el que, sin error, es llamado el lugar más feliz sobre la Tierra. Maletas listas, cartera preparada para los souvenirs y, sobretodo, la felicidad por delante para volver a la Tierra de Nunca Jamás y a los territorios del mejor ratón del mundo.

La ilusión de conocer a Mickey. Foto: (c) Carlos Dragonné
La ilusión de conocer a Mickey. Foto: (c) Carlos Dragonné

En esta ocasión no nos hospedamos en un hotel de Walt Disney World Resorts, y eso es uno de los puntos a cambiar en nuestra próxima visita –que ya está en los planes de 2016–, por lo que la compra de boletos la tuvimos que hacer con buena anticipación. El primer paso de esta aventura sería Magic Kingdom. Cabe destacar que al día siguiente de nuestra llegada se llevó a cabo el Disney Princesses Half Marathon, por lo que la ciudad rebosaba de atletas dispuestos a realizar una carrera en este mundo fantástico. Como nosotros no somos corredores más que de la categoría de quienes rompen récord de velocidad cuando las puertas del restaurante se abren, decidimos dedicar el primer día a conocer Orlando, pasear por sus outlets, descubrir una ciudad que vive, prácticamente, del turismo nacional e internacional que busca disfrutar sin pausas los parques temáticos que aquí están instalados. Esto nos sirvió para poder entender los calendarios de viaje y empezar a hacer una proyección de las mejores semanas para viajar al destino, pues en estas fechas la ciudad y los parques están llenos de gente de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay, pues son justo los días en los que esos países disfrutan de sus vacaciones de verano. Sin embargo, esto no lo hace un destino saturado y, mucho menos, un infierno de filas interminables en los juegos y atracciones, aunque para eso, ya platicaremos del FastPass+ que pueden agregar y programar en su app.

La llegada... Space Mountain nos recibe. Foto: (c) Carlos Dragonné
La llegada… Space Mountain nos recibe. Foto: (c) Carlos Dragonné

Superadas las compras no programadas de nuestro primer día –y con una cartera que ya nos había agradecido las ofertas encontradas y no nos reclamó como podría pensarse–, nos fuimos a dormir relativamente temprano para poder arrancar nuestro viaje de fantasía al día siguiente. Y aquí viene el primer consejo que les puedo hacer: no lleguen tarde a los parques. Es muy importante despertarse temprano para desayunar y salir a buena hora a su experiencia en Walt Disney World, porque créanme que van a querer exprimir las horas al máximo y disfrutar lo que se puede vivir. Nosotros prácticamente hicimos lo que se llama “abrir parque”. Fuimos de la primera oleada de asistentes que llegó, aunque ya había gente cuando entramos pues si ustedes se hospedan en alguno de los hoteles de WDW Resorts, podrán contar con el parque una hora antes y algunas horas después del horario para el público en general. Revisen bien los horarios para que puedan planificar su experiencia de la mejor manera.

Listos para una aventura.
Listos para una aventura. Foto: (c) Carlos Dragonné

Ahí estábamos. En Magic Kingdom, donde viven las princesas, los príncipes, los villanos y los personajes que nos forjaron la felicidad cuando éramos niños. Vivir en familia esta experiencia tiene el plus de que las barrereas y las brechas generacionales se colapsan en cuanto uno pisa por primera vez el parque. Los niños que antes éramos y los niños que fuimos se apoderan del adulto que somos y, entonces, la convivencia con los niños que nos acompañan en el viaje se hace perfecta, al mismo nivel de fantasía, de disfrute, de sueños, de realidades creadas y modificadas para que entendamos dónde dejamos esos pedazos de felicidad con los que hace tanto tiempo no conectamos. Ahí, a mis 36 años, cargando en los hombros a mi sobrina, con lágrimas de añoranza en los ojos, comenzó el primer desfile de personajes en el que el Genio de Aladdin camina entre nosotros y Woody, Jessie y Buzz Lightyear trascienden la pantalla en la que tantas veces los hemos visto para poder tomarnos fotos con ellos, saludarlos. Y es ahí donde lo comprendo todo. No son ellos los que han trascendido la pantalla para estar con nosotros. Somos nosotros los que hemos atravesado esa cuarta pared para entrar a su mundo, donde siempre nos han estado esperando y en donde resuenan en mi cabeza las palabras de Peter Pan: “Todo lo que tienes que hacer confiar… y polvo de hadas!” Y es que ese polvo de hadas está ahí, en los edificios y réplicas de las películas que vimos cuando niños y que, quienes son padres, han vuelto a ver con sus hijos. Ahí están los pensamientos felices, en esos rincones donde, si pones atención, encontrarás a Rafiki, a Pluto, a La Bestia y a todos los personajes esperando para saludarte, como buenos anfitriones de su fiesta a la que has tenido la suerte de asistir.

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¡A bailar! Hemos entrado en su mundo. Foto: (c) Carlos Dragonné

Por supuesto, los juegos que hicieron clásico este parque aún están ahí. Algunos de ellos actualizados, como Pirates of the Caribbean, la atracción original de Disneyland en California, ahora con Jack Sparrow como protagonista en un paseo que, a pesar de lo contradictorio que pueda sentirse en una época tecnológica al máximo, sigue siendo muy disfrutable. Ahí está esperando It’s A Small World y también Peter Pan’s Flight. Alejados también de la inmediatez de otros parques de atracciones donde hay que esperar filas interminables para un paseo que apenas dura unos 45 segundos, aquí podemos entrar en los cuentos y las historias que inspiraron las atracciones, por lo que Splash Mountain tiene la magia de ir reconociendo y recordando personajes relativamente más pequeños de la historia de Disney como Br’er Fox, Br’er Bear y Br’er Rabbit. Hay algo especial en ir trepados en estos pequeños carritos y ver la cara de felicidad de una niña de 7 años que no tiene en su mente los recuerdos de películas tan viejas mientras el paseo nos va subiendo hacia la inevitable caída en la cascada. Pero también es increíble recordar los años en los que en formato Beta o VHS la cinta corría una y otra y otra vez para pasar en la pantalla estas historias, mucho tiempo antes de Netflix o, incluso, del BluRay.

Un clásico imperdible. Splash Mountain. Foto: (c) Carlos Dragonné
Un clásico imperdible. Splash Mountain. Foto: (c) Carlos Dragonné

En el camino a Fantasyland, donde estaba una de las nuevas y grandes adiciones de Disney, nos tocó el siguiente desfile. Un desfile de héroes y villanos, de princesas y hechiceras, en donde Peter Pan, Wendy, Tinkerbell (o Campanita, para quienes ya tenemos una historia más antigua con los personajes) y Pinoccio se unen a Garfio, Alicia, El Sombrerero Loco, Pluto y Maléfica (en su versión dragón y que se ve espectacular mientras recorre las calles de Magic Kingdom) que son la punta de lanza para que aparezca el héroe de todas nuestras historias: Mickey Mouse, ese ratón que comenzó como Steamboat Willie y que, con los años, se convertiría en el ícono más importante de las ilusiones y la animación durante más de medio siglo.

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Y en el desfile, la estrella absoluta. Foto: (c) Carlos Dragonné

Hice una pausa en la fantasía infantil aquí, pues en Liberty Square tienen una atracción que me moría por conocer: Hall of Presidents, un lugar dedicado a los Presidente de Estados Unidos, con memorabilia, show y fotografías que me tuvieron con la boca abierta durante bastante tiempo. Ahí está el libro de poesía de Lord Byron que perteneció a Abraham Lincoln, un ensayo escrito en la primaria por Richard Nixon (no mi Presidente favorito, sin duda), fotografías de Kennedy (el sí, mi favorito de la historia del vecino del norte, aunque Obama se está ganando un lugar especial), recuerdos de Roosevelt, Carter, Wilson, Ford y todos los que alguna vez se han sentado en el escritorio Resolute en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Es de todos conocido mi fascinación por la cultura norteamericana y su historia, así que podrán imaginar la emoción que representó estar entre tan interesantes artículos y recuerdos de los Presidentes de Estados Unidos y más en época de elecciones, donde está a punto de agregarse un nombre más a esta atracción.

Impresionante lugar para los fanáticos de la historia de EU. Foto: (c) Carlos Dragonné
Impresionante lugar para los fanáticos de la historia de EU. Foto: (c) Carlos Dragonné

Magic Kingdom puede definirse como el parque para niños por excelencia en Disney. Al final del día, lo que ahí sucede, las atracciones, los shows, los desfiles y los personajes están pensando en el público infantil al 100%, a diferencia de otros parques como puede ser Hollywood Studios, pero aún así hay un lugar que todo adulto debe visitar sin falta: FantasyLand. Ahí está el que, quizá, sea el mejor recuerdo de toda la experiencia de viaje: el castillo de Bestia, donde además hicieron una réplica del salón para construir el restaurante Be Our Guest, y en el que, al entrar, uno se transporta mágicamente a este cuento de hadas por excelencia entre mesas y una decoración que hace honor exacto a lo que vimos en la cinta. Ojo: si quieren comer o cenar en este lugar, es necesario que hagan una correcta planeación de su viaje, pues la lista de espera es bastante amplia y no es como si pudieran llegar y pedir una mesa… créanme, yo lo intenté y si no se rieron de mi en la entrada fue porque la amabilidad siempre es la primera bandera que enarbolan quienes atienden en Disney.

Sólo al verlo en persona podrán disfrutarlo en su magnitud. Be Our Guest. Foto: (c) Carlos Dragonné
Sólo al verlo en persona podrán disfrutarlo en su magnitud. Be Our Guest. Foto: (c) Carlos Dragonné

Así que, sin comida en Be Our Guest, me tuve que conformar con el mejor Rollo de Canela que se pueden comer, comprado en la réplica de la Taberna de Gastón, personaje antagónico de La Bella y la Bestia. Un buen cafe (que sí podría ser mejor, eso tengo que admitirlo) acompañó esta delicia y nos dio fuerza para seguir nuestro camino hacia Tomorrowland, el espacio donde el futuro nos alcanzó en este parque y en el que se yergue orgullosa otra de las atracciones clásicas de Magic Kingdom: Space Mountain. Después de cientos de juegos mecánicos recorridos en toda mi vida –sí, me confieso un fanático absoluto de los mismos–, tenía que entrar en ésta, la madre de todas las montañas. Space Mountain es a este tipo de atracciones lo que el McDonald’s a las hamburguesas. Sí, claro que habrá muchos que la gente pueda considerar mejores, pero ésta fue el primer gran clásico. Y, a diferencia de mi analogía, mantiene una calidad y un gusto por recorrer en un estrecho carrito (recomendación, si son más altos del 1.75, doblen bien las piernas porque puede que no quepan muy bien que digamos) una montaña rusa ligera en la oscuridad. A ésta atracción me subí solo, así que pude, además, ponerme mis audífonos y escuchar la música de la otra gran marca insignia de Disney: Star Wars. No, sin duda no es la montaña más trepidante a la que me he subido, pero tiene ese elemento de nostalgia que la pone de inmediato entre mis favoritas.

Impresionante vista. Foto: (c) Carlos Dragonné
Impresionante vista. Foto: (c) Carlos Dragonné

Se nos iba la tarde. Se nos comenzaba a terminar el día, pero aún había mucho que disfrutar –y de lo que no les hablaré, también por el placer de saber que ustedes lo descubran o redescubran por si mismos–, así que entre las carcajadas de Monsters Inc. Laugh Floor, la magia del Walt Disney’s Carrousel of Progress, la adaptación de Stitch’s Great Escape que antes era el juego de Alien, y la atracción de Buzz Lightyear dejamos que el tiempo pasara y nos fuimos acercando a lo que sería el cierre perfecto de la noche: el show de fuegos artificiales y video mapping Wishes Nightime Spectacular Made With Magic. Aquí es donde todo el día se encierra y hace que, de nuevo, por enésima vez, el viaje vuelva a valer la pena. Recorriendo los grandes momentos de Disney con una gran musicalización y un show de luces y proyección sobre el Castillo de Cenicienta, nos volvemos a conectar con todos esos recuerdos que nos han forjado y que nos han hecho llorar, reír, gozar y disfrutar imaginando.

Un show imperdible. Foto: (c) Carlos Dragonné
Un show imperdible. Foto: (c) Carlos Dragonné

Es este momento en el que nuestro niño interno nos mira a los ojos y nos agradece lo que acaba de pasar, sabiendo que sólo ahí, frente a ese castillo, con los cohetes estallando sobre nuestras cabezas e iluminando hasta los más oscuros rincones donde la adultez se ha anidado, todo eso que representa el sacrificio de crecer termina estallando en un sinfín de luces. Ahí está Mickey con su sombrero de hechicero, para esparcir la magia que nos une a todos, los miles que estamos viendo el espectáculo, y nos hace parte del imaginario colectivo. Y es que ahí, con el castillo iluminado y en contraposición con la noche de Orlando, es cuando podemos mirar el cielo y descubrir que ahí arriba, detrás de la torre del castillo, al fondo de la tierra de la fantasía y desde ese lugar, el más feliz sobre la tierra, lo único que tenemos que hacer es creer de nuevo, tomar un poco de polvo de hadas y levantar vuelo. Y es que ya lo hicimos una vez… hace muchos años. Cuando fuimos niños y miramos hacia arriba buscando esa segunda estrella a la derecha y volamos… volamos todo derecho hasta el amanecer. Bienvenidos todos a esta Tierra de Nunca Jamás. Aquí está absolutamente prohibido crecer.

Nos volveremos a ver. Y aquí el mapa para regresar. Foto: (c) Carlos Dragonné
Nos volveremos a ver. Y aquí el mapa para regresar. Foto: (c) Carlos Dragonné

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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