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M Resort: Cuando necesitas Las Vegas pero no el bullicio.

Por: Carlos Dragonné

Ok. Les quedan 3 semanas para llegar a Las Vegas. Va a ser nuestro fin de semana de celebración y es momento de entender lo que tenemos en mente para vivir la verdadera fiesta mexicana. Ya armaron su lista de espectáculos, de conciertos, de restaurantes y de lugares para crudear. ¿Y el hotel? Yo les tengo una propuesta un poco disruptiva. Salgámonos de Las Vegas un poco y vayamos unos 15 kilómetros al sur. Pero creo que es hora de disfrutar de esta ciudad en un lugar que no es nada parecido a lo que siempre nos recibe. Bienvenidos a un resort que no habíamos descubierto. Es hora de ir a un verdadero spa en la ciudad del pecado. Bienvenidos, de nuevo, a Las Vegas. Bienvenidos a M Resort.

Recibí la invitación para conocer este lugar al sur de Las Vegas, básicamente en el condado de Henderson -en verdad, muy cerca del Strip aunque convenientemente distante para las intenciones del viaje- y me sorprendí encontrar un lugar en medio del desierto de Nevada que ofrece una versión de Las Vegas que no había experimentado. Porque los viajes deben ser también para descansar, para relajarnos, para entender que necesitamos recargar fuerzas y llenarnos de lo que sea que nos permite regresar a nuestras actividades diarias.

M Resort Las Vegas

Pensado justamente para quienes están buscando algo lejano del bullicio de Las Vegas Boulevard, esta propiedad de Penn National Gaming nos pone en uno de los privilegiados lugares que ofrece Nevada, donde la atención personalizada es un verdadero elemento básico de la estancia. Con un casino que nos recuerda dónde estamos y que, al mismo tiempo, se siente completamente distinto a los pisos de casino de cualquiera de los hoteles de la avenida principal de la ciudad, lo que más me atrae de este hotel es la enorme oferta gastronómica presenta… obviamente.

M Resort Las Vegas

Y es que si bien muchos de mis restaurantes favoritos de Las Vegas están, evidentemente, en el Strip, es bueno dejar que el paladar se deslumbre y se sorprenda con nuevas propuestas que no ha tenido la oportunidad de conocer. Además, estamos hablando de lujo en las Vegas y de Penn National, lo que ya garantiza un nivel de calidad que no encontramos fácilmente en otras cadenas de hoteles en donde se les antoje, no sólo en Las Vegas.

Mi primera idea fue una hamburguesa, en medio de un partido colegial de fútbol americano, pues su concepto Burgers & Brews es lugar que tiene lo que yo siempre voy a agradecer en un lugar, sin importar el concepto del que se trate: una amplia variedad de cervezas que abarcan los estilos más importantes y, sobretodo, los que a mi me gustan. La hamburguesa es, créanme, necesaria. Si lo suyo es más un Sports Bar, también está el 32 Degrees Draft Bar, así que por opciones no paramos.

La alberca del hotel es una de las cosas que más llama la atención de este lugar. Si bien podemos pensar de manera automática en albercas como la de Mandalay Bay o la del Bellagio como grandes ejemplos, la realidad es que la alberca de M Resort nos recuerda que, si nos quedamos aquí, lo que estamos buscando es disfrutar la calma que nos ofrece esta ciudad, un concepto que normalmente no mencionamos cuando hemos hablado de Las Vegas. Sin embargo, no se equivoquen. Es una alberca que puede albergar a más de 5mil personas para organizar un concierto, por ejemplo. Esto, de hecho, fue la motivación para reservar desde mi primera visita en julio pasado, mi habitación en el hotel para nuestro puente muy largo del 16 de septiembre, porque justo esa noche Ke$ha ofrecerá un concierto de su nueva gira y no está en mis planes perdérmelo.

Tras una buena pizza hecha al momento en Vig Deli, un concepto de frescura que navega entre un menú de opciones increíble que hace salivar a más de uno, bajé al Hostile Grape un Wine Bar que, por más que intentes evadirlo, terminará conquistándote. Y es porque cuando uno viaja con el vino como parte de los ejes narrativos de la experiencia, M Resort se lleva las palmas en cuanto a opciones para vivir de y con vino. Ustedes pueden -así como lo hice yo- tomar una tarjeta prepagada y caminar entre la enorme cantidad de máquinas expendedoras para servirse cuanto vino estén dispuestos a probar.

Es como un paraíso de cajeros automáticos que, en lugar de darte dinero, te dan vino. Y cuando les digo “enorme cantidad”, estamos hablando de más de 140 variedades de vino disponibles en esta modalidad de copeo on demand. Ahora que si su particular favorito no lo encontraron en las maquinas, pueden pedir cualquiera de las más de 400 botellas distintas que ofrece una de las cavas más impactantes que he visto en la ciudad del pecado.

Hay una obsesión que no puedo superar: la cocina asiática. Siempre que haya un acercamiento a la cocina de cualquier país de Asia en donde esté, debo sentarme, probarla, olerla, recorrer con la imaginación los campos de arroz de Japón o los enjambres de gente que rodean los puestos callejeros de Shangai. Cuando tengo más suerte, puedo ordenar algo que me lleve a recordar la búsqueda de esos aromas florales de los rincones de las ciudades a la frescura de un platillo fuertemente cargado de especias de la cocina vietnamita como una sopa Pho. En mi segundo día en este hotel pude cruzar las puertas de su restaurante Jayde Fuzion para tener un poco de todo esto y recordarme por qué me gusta volver a esta ciudad que me ayuda a volver con la mente a tantas otras. Un aviso: lleguen con espacio en el estómago a este lugar.

Los atardeceres de Nevada son espectaculares. Y siempre será romántico el momento de disfrutarlos si el viaje que estamos haciendo va más allá del neón y el exceso de la ciudad del pecado. Si viajamos a esta ciudad pensando en M Resort como el pretexto perfecto para poder, al fin, decir que venimos a descansar -porque, admitámoslo, de Las Vegas luego necesitamos vacaciones de la vacación-, pocas cosas superan mi expectativa y placer como observar los colores de la llamada “hora mágica” con un buen vino en una mano y la suavidad de la piel de mi esposa en la otra.

Y es que eso es lo que más vale de M Resort. Basta de que Las Vegas sea el lugar de la despedida de soltero interminable, el reventón de los 20 años de aquella graduación que sucedió antes de las canas, las calvas, la curvatura del abdomen o las ojeras que parecen no borrarse, sin importar cuánto pepino nos pongamos en los ojos. Las Vegas puede y debe ser también romance, reencuentro y celebración. Puede ser escape para revivir las primeras citas y para reconfirmar por qué nos enamoramos en primer lugar. Pocas cosas les van a ayudar a poner el escenario perfecto que un atardecer de Nevada sin la vorágine del escándalo de Las Vegas Boulevard.

Mientras el avión que me lleva a casa despega, me encuentro por primera vez no mirando hacia los hoteles que todos conocemos y que definen en el imaginario colectivo lo que significa Las Vegas. Miro hacia el otro lado. Hacia el sur. Estoy buscando con la mirada la imponente torre de M Resort en el desierto. Unos segundos después la encuentro y sonrío. Siempre, como se los he contado antes, llevo un diario de viaje en la mochila. Ya no recuerdo qué numero de diario es en el que ahora escribo. Pero apunto tranquilamente una línea al final de la página en la que encuentro mis notas sobre M Resort. Te veré de nuevo. Te veré en septiembre.

Chequen shows también. Aquí la reseña de uno de ellos.

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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