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Baz: Una historia que nunca dejará de contarse

Por: Carlos Dragonné

No podía ser de otra manera. Así conocí las historias de Baz Luhrmann, revolucionando el lenguaje de la que es su forma de expresión seleccionada. Tomando la obra literaria más adaptada en la historia de la cinematografía y dándole una urbanización y un look completamente actual, aunque las palabras y el idioma fuera el mismo que se dijera en su primera presentación en la Inglaterra victoriana. Baz Luhrmann me conquistó desde su primera cinta, me enamoró en la segunda, me envolvió en la tercera. Y lo hizo a través de la música, las actuaciones, la revolución. Desde el balcón de los amantes enemistados por su familia hasta las alucinaciones del hada verde en el París de la bohemia y en la indulgencia del lujo interminable de principios del siglo XX. Y, entonces, en el siglo XXI, alguien me abrió las puertas del Palazzo Theater y me dejé llevar a revivir ese hilo conductor del que Luhrmann nunca se alejó: los amantes prohibidos, los amores inacabados, los finales inevitables. Bienvenidos, de nuevo, a Las Vegas. Bienvenidos a Baz.

 

Las historias son del todo conocidas. Romeo y Julieta, separados por los odios de sus familias, mismos que se saltan para abrazarse a pesar de los riesgos y separarse con el claro de la mañana de Verona, con la promesa de vivir felices, promesa rota por los duelos y las palabras en la plaza, por los retos y las enemistadoes que nadie entiende, ni el enemigo mismo. Satine y Christian, cortesana y escritor que ingenuamente cree que el amor pagado le salvará la vida y que, sin darse cuenta cómo, trasciende esa ingenuidad en la decadencia del París de los excesos hasta lograr que, sí, la cortesana de todos sea en el alma sólo suya, aunque sea por un fugaz momento, mientras cae en sus brazos a una muerte de la que ninguna estrofa la pueda elevar. Y ahí, como repetición de la inagotable capacidad del amor de alejarse de nuestro alcance, Gatsby regresa de los muertos para entregarse él, más allá del oropel y el poder creado en la imaginación colectiva, a los brazos de Daisy, aunque el abrazo no llegue, incapaz de ganarle a la bala de la venganza que ha estado gestándose desde que se abrió la primera botella de champaña en esa mansión imponente del otro lado del lago.

Luhrmann es un obseso del amor inconcluso, del amor imposible. Y es que, al final, eso somos todos. Perseguimos de manera impulsiva e incontrolable ese amor, en busca de la prueba que nos haga voltear a ver a nuestro Shakespeare particular para demostrarle que sí se puede, que la tragedia está detrás de nosotros y nunca delante. Baz recorre esas tres historias, entretejiendo lo que las hizo únicas en la visión del director cinematográfico: la música y las interpretaciones. Así, Gatsby interpreta en el escenario Run Free mientras Satine y Christian se entregan a Kissing You y nuestro Romeo de esta noche es parte de Your Song.

Pero no se confundan. No estamos hablando de un caos orquestado por la mente detrás de este nuevo acercamiento a las historias que conocemos, sino un camino trazado para que entendamos que, al final, sin importar la música, las canciones, la sensualidad o el deslumbrante recorrido por estas adaptaciones, el eje sigue siendo el mismo: ese amor que necesitamos como aire para poder respirar. Quizá por ello es que nuestro maestro de ceremonias trasciende las tablas del Moulin Rouge para andar libremente entre Verona y las calles del Estados Unidos de la postguerra. Porque nosotros hemos de ser nuestro maestro de ceremonias particular en lo que hacemos por la vida buscando el amor que nos permita disfrutar más allá del rocío de la mañana sin tener que salir huyendo por las calles de la plaza para evitar las miradas juzgadoras de los Capuleto o de las cortesanas que no han sido objeto de nuestro deseo.

Juliet en Baz Star Crossed Love

Aquí no hay elefantes de esmeraldas o botellas de ajenjo que nos guíen a la inspiración del escritor enamorado. Aquí no hay fuegos artificiales y autos de lujo que nos hagan preguntarnos dónde está Gatsby. Aquí no hay bosques de sicómoros en los que perdernos del lastimoso rayo del amanecer mientras ignoramos el derramamiento de sangre en el centro de la plaza. Y, al mismo tiempo, las botellas, los estallidos de colores y los rincones de nuestros corazones ocultos están en todas partes, porque es el amor el que camina encarnado en ellas tres: en esas tres musas que han dirigido las pasiones de Luhrmann y que, aunque lo neguemos, han dirigido nuestras propias fantasías románticas de convencer cortesanas debajo de sus balcones mientras nos despojamos del falso lujo que esconde un corazón necesitado.

Baz

Baz es un espectáculo hecho para los románticos, pero también para los amantes de la música que alimenta la narrativa de las cintas de las que se origina. Baz es un básico de sensaciones y espectacularidad digna de la ciudad del pecado y, al mismo tiempo, de quienes van buscando un pedazo de inspiración. Baz es un show que respira Las Vegas y la grandilocuencia de una ciudad cambiante y es, al mismo tiempo, un remanso que nos recuerda, justamente en medio de esta ciudad que nunca duerme y que pareciera creada para el exceso y la superficialidad que el amor es y será siempre el motor de los pasos que demos. Y ese es el éxito y la trascendencia de un montaje como éste.

Baz está esperando que crucemos las puertas del escenario. Que nos hagamos parte de ellos. Aquí el maestro de ceremonias nos espera para recordarnos que lo que estamos por ver es lo que nos define. Porque aquí, en cada caída, en los abrazos rotos, en los besos helados con sabor a cicuta o en los regresos incompletos, el show debe continuar. Este show que se llama vida y del que, pase lo que pase, habremos de perseguir el balcón correcto, ya sea a las afueras del Moulin Rouge, en nuestra particular Verona o en cualquier lugar en donde viva nuestra propia Daisy esperando nuestro regreso.

About Carlos Dragonné

Cineasta, escritor y cocinero. Sufro de analisistis aguda, con cuadros de humor negro crónico recurrente. Músico con un piano cerca. Reconstructor de fantasías

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